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Opinión | El canal del funcionario

Cerdos, plantas de biogás, tomates e inmigración.

Cerdos en un criadero.

Cerdos en un criadero. / EFE/ Francisco Guasco

Por cada murciano hay casi dos cerdos en la Región de Murcia, en Lorca, tocan a diez cerdos por habitante, lo cual nos convierte en una potencia cárnica de primer nivel. Así que aparte de tener una cabaña de cerdos importante, tenemos un problema aún mayor: ¿Qué hacer con sus purines?

Tenemos dos opciones, enviárselos a Castilla La Mancha como castigo por querer cerrarnos el Trasvase Tajo – Segura, o comérnoslos nosotros, que parece la opción más lógica.

Si optamos por quedarnos la mierda de los cerdos, nuestra propia mierda, tenemos a su vez dos opciones, tratarlos o no tratarlos. Parece evidente que tenemos que elegir tratarlos para que no se conviertan en un foco de contaminación y miseria.

Una vez que hemos decidido no cargarnos a los cerdos, apoyando la ganadería y fortaleciendo nuestra industria cárnica, y por consiguiente tener que tratar la mierda que generan dos millones de cochinos, ya solo nos falta conocer dónde ponemos las famosas plantas de biogás.

Los pros y los contras ya son de sobra conocidos por la sociedad, así que este artículo no tiene como objetivo poner en una balanza la parte positiva y negativa de las plantas de biogás, sino para que asumamos todos que si apostamos por ser un país (Región) con una fuerte implantación de ganadería intensiva, tenemos que asumir el riesgo grande y grave de tener una ‘bomba’ de relojería activada en nuestros alrededores, intentar crear un Gran Centro de Mierda que recoja toda la que producimos en medio de algún lugar deshabitado, significaría que cientos de camiones cargados con mierda, recorrerían nuestros pueblos cada día. Así que me temo solo nos queda una cosa, confiar y apostar por la comunidad científica, y que cada ‘cerdo’ aguante su vela, eso sí, lo más alejada de ‘mí’ casa.

Lo mismo ocurre en nuestros campos. Si queremos ser una potencia europea en el sector agrícola tenemos dos opciones, o traer inmigrantes para que recojan nuestras cosechas, ya que los españoles hace tiempo que decidimos no doblar la espalda, o que nuestros agricultores, como están haciendo junto a los de Almería, Granada y Málaga, sigan invirtiendo cientos de millones de euros al otro lado del Estrecho.

Allí, nuestros patrióticos empresarios, están encantados, no encuentran excesivos problemas con el control de fitosanitarios, los salarios son muy inferiores a los nuestros, nadie les va a cerrar el trasvase y encima, han creado un lobby importante en Europa, y que está destrozando una parte importante de nuestro tejido agrícola, es decir, somos nosotros mismos los que tiramos piedras sobre nuestros campos.

Así que una vez más, en la vida hay que elegir ¿O plantamos aquí y traemos más inmigración, o plantamos allí, como muchos están haciendo, y jodemos a los de aquí?

No se puede tener sin coste alguno cerdos y tomates a porrillo.

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