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Opinión | Noticias del antropoceno

La Unión Europea y los consumidores

La campaña de los antieuropeos partidarios del Brexit tuvo un momento feliz cuando denunciaron la regulación del tamaño de las bananas que se vendían en el territorio de la UE. Boris Jonhson, en un famoso artículo, ponía esa norma como ejemplo de los excesos regulatorios de la UE, lo que justificaría la necesidad años después de abandonar el Bloque. Y sí, efectivamente, la Unión Europa ha impulsado en su ámbito regulaciones de todo tipo, fundamentalmente ligadas a los derechos de los consumidores. Como en su momento Boris Jonhson, todos los antieuropeos (entre los que cabe contar sorprendentemente a autoproclamados liberales como los influencers Juan Ramón Rallo y Daniel Lacalle) cargan contra la regulación de Bruselas y así justifican el asalto a la UE que intenta Donald Trump y la derecha norteamericana. Como liberal acreditado, me parece excesivo, como poco, deslegitimar la UE ante las críticas libertarianas de la extrema derecha republicana.

La rabia de los norteamericanos es que esa extensiva regulación de los derechos de los consumidores europeos ejerza de facto una barrera comercial que impide la entrada de muchos productos defectuosos y (lo que se ha destacado mucho últimamente) que imponga un estándar mundial regulatorio que se termina trasladando por conveniencia incluso a los países de origen y al resto del mundo. El caso más evidente se produce en el caso de las tecnológicas norteamericanas, que han medrado en Estados Unidos y en muchos países en desarrollo, aprovechando la baja o nula protección de la privacidad individual.

Los altos estándares promovidos por la UE, que a mí personalmente me parecen excesivos, pero esa es otra historia, está en la raíz de multas millonarias a los tecnomonopolios que trabajan y se benefician del mercado europeo y de sus consumidores. Pero, aunque Donald Trump y sus acólitos digan lo contrario y lo consideren una barrera al avance de sus empresas (que, no hay que olvidar, financiaron generosamente su campaña presidencial) la UE solo sigue sus propias reglas y su decidida vocación de avanzar en la protección de sus ciudadanos en tanto que consumidores. Y sí, las bananas deberían tener un tamaño mínimo. ¿Y qué?

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