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Opinión | EL BLOG DEL FUNCIONARIO

Ballesta: La leyenda de ‘Pepe I el Grande’ continúa.

Un tipo que es capaz de subir impuestos y hacernos creer que nos lo ha bajado, está solo al alcance de las leyendas.

José Ballesta, alcalde de Murcia

José Ballesta, alcalde de Murcia / L.O.

El Alcalde de la capital sigue día a día agrandando su leyenda, nadie en su equipo se atreve a dudar de él. Vive el presente, solo algunos desde fuera, se atreven a hablar del futuro despacho de La Glorieta a sus espaldas, como hacen los cobardes.

Su capacidad oratoria, su nivel de cercanía y su excelente memoria siguen siendo sus armas preferidas. Ya en su época de estudiante de Maristas, era considerado una especie de líder, y aunque había en aquella generación otros compañeros de pupitre que se autodenominaban ‘aristocracia’ por sus excelentes calificaciones, reconocían en él un aura diferente.

Incluso los dos años que ‘guardó’ voto de silencio mientras estuvo en la oposición a causa de una moción de censura, que con el tiempo reconoce que hasta le vino bien al partido popular y a él, se convirtió en su mejor ataque al gobierno de coalición. Sus sonoros silencios se escuchaban más que las voces del gobierno municipal. Decidió no hablar en los plenos, pero las calles, sobre todo cuando se ponía detrás de una Virgen o de Los Salzillos, hablaban por él.

Gracias a su confianza en la medicina y a sus profundas creencias religiosas, comprometido con una de las que más fuerza tienen en la iglesia católica, sigue sacando fuerzas de flaqueza para seguir afrontando la ‘guerra santa’ que tiene con su cuerpo.

Lo último que desea es que sientan pena de él, por eso su empeño en seguir transmitiendo a su gente normalidad, la última palabra no está dicha. Ama y quiere a su familia por encima de todas las cosas, pero necesita que su cabeza no pare un minuto, no quiere que una enfermedad distraiga lo más mínimo lo importante: Vivir.

Pero como toda leyenda, tiene también sus sombras y sus habitaciones oscuras. Aunque dice no ser rencoroso, su negativa a reconocer públicamente la gran labor de la Plataforma Pro Soterramiento, solo puede basarse en el rencor, y si es así, es una contradicción con sus creencias personales. Como diría una de las mejores periodistas de esta ciudad: ‘que por nadie pase’.

Solo el ex concejal, ex alcalde, ex consejero, es delegado del gobierno, ex diputado regional, ex diputando nacional, ex director de turismo y ahora senador, el ínclito Francisco Bernabé, que por cierto, cada vez que interviene en la Cámara Alta, pienso: ¿no tenemos los murcianos y murcianas otro que nos represente sin avergonzarnos? Odia más a aquella maravillosa marea humana al otro lado de la vía que nuestro Major, como le llamaba entre abrazos sentidos el actor Richard Gere, ante la mirada un tanto ‘celosa’ del Presidente López Miras.

La Plataforma Pro Soterramiento, cambió la estructura de esta ciudad para los siglos de los siglos, en cambio, desde la corporación municipal, y siguiendo su mandato, se le sigue negando el Pan, el Agua y la Sal, algo que es sinónimo de esa hospitalidad e historia de la ciudad de la que tanto presume.

Seguramente pasará a la historia como el mejor alcalde que se recuerde en la capital del Reino de Murcia, no importará que las pedanías sigan olvidadas de la mano de dios, que nuestra ciudad sea un caos circulatorio cada día, que la contaminación sea el pan nuestro de cada día o que su política municipal esté dirigida principalmente a embellecer el centro histórico y la zona norte de la capital, un tipo que es capaz de subir impuestos y hacernos creer que nos lo ha bajado, está solo al alcance de las leyendas.

Dentro de muchos años, cuando ya no reciba aplausos por ir detrás de la Fuensanta, aquellos hijos que acudían con sus padres a la Romería, dirán: ‘De pequeño recuerdo ver a Pepe I el Grande ir junto a mi padre llevando a la Virgen hasta su Santuario en El Valle, era grande, medía por lo menos 2 metros, o 2’10, como Hernán Cortés, y cuentan que lo mismo echaba fuego que poemas por su boca, como Williams Wallace’.

PD. 1.200 años no es nada, y si no que se lo pregunten a Cartagena.

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