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Opinión | Así somos

Portarse bien por Navidad

En diciembre de 2021, Antonio Staglianò, obispo de Sicilia, anunció en la misa del día de San Nicolás, de quien proceden los generosos personajes de Papá Noel y Santa Claus, que Santa Claus no existía. Su pronunciamiento, delante de numerosos niños con sus familias, desencadenó un amplio eco negativo en las redes sociales y en los medios de comunicación. Unos días más tarde se disculpó en una nota de prensa. Lamentaba haber decepcionado a los niños y afirmaba que su intención no era esa, sino decir que Santa Claus existía como personaje imaginario y no como personaje real, así como resaltar los aspectos simbólicos asociados a su generosidad.

Naturaleza física y mítica

La rectificación del locuaz obispo destacaba dos aspectos de estos personajes míticos asimilados a los Reyes Magos. El primero es la creencia en su naturaleza física, negada por el prelado. Los adultos actúan, sin embargo, como si estos seres sobrenaturales existieran y se esfuerzan en convencer al niño de ello, de su carácter y obras, a lo que contribuye el ambiente navideño, que envuelve a todos y se extiende a lo largo de varias semanas. La creencia se alarga más o menos hasta los siete años, cuando ya muchos pequeños albergan serias dudas al respecto. Los progenitores la emplean para intentar que se comporten como se espera de ellos. El segundo aspecto, conectado con el anterior, es que constituyen un modelo o ejemplo que hace más generosos a los niños, lo que otorga a estos personajes un papel relativo y transitorio en la educación moral. Estos mitos refuerzan la integración del niño en la sociedad y contribuyen a que adopte normas como el trato recíproco entre allegados, portarse bien, hacer peticiones y esperar el momento adecuado para recibir lo pedido.

Intensidad de la exposición

Un equipo de psicólogos investigó si el comportamiento de los pequeños mejoraba en las semanas previas a la Navidad en centenares de familias del Reino Unido con niños entre cuatro y nueve años. Los padres anotaban las conductas diarias a través de un cuestionario que distinguían las ‘buenas’ conductas altruistas, de ayuda, cooperación o compartir con hermanos o amigos y las conductas ‘negativas’ de tipo antisocial, egoísta o agresivo. Encontraron una ligera mejora en el comportamiento espontáneo de carácter altruista. Pero la creencia más o menos firme en Papá Noel no iba asociada a comportarse mejor. Lo que sí influía en la mejora era la intensidad de la exposición y participación en las actividades estacionales y ritos relacionados con la Navidad: decoración, actos religiosos, comidas o visitas familiares, acudir a cabalgatas, encendido de luces y demás.

Existe, al parecer, un efecto indirecto del medio y del modelo o ejemplo de los padres en el comportamiento de sus hijos. Cuanto más participan y están expuestos a los ritos estacionales, más mejora su comportamiento. Desde el punto de vista puramente moral, que no es poco, este resultado da fuerza a la expresión «Los Reyes Magos, o para el caso Papá Noel, son los padres». El hecho de recordarles que deben portarse bien no pareció tener un efecto en que aumentaran los comportamientos prosociales. Parece ser que el niño suele incluirse a sí mismo en la lista de los que se portan bien para recibir los regalos.

Los investigadores detectaron, además, algo que sabemos todos: las navidades suelen ser para los padres una fuente de alegría, pero también de estrés y ansiedad. También lo es educar a los hijos. Cabe preguntarse si los resultados fuesen similares en España, donde el binomio Papá Noel y Reyes Magos, con poderes y funciones similares, puede que influya de manera diferente, ya sea cooperativa o competitiva, a como sucede en los territorios exclusivos de Papá Noel o Santa Claus.

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