Opinión | Pulso político
La celebración de 50 años de bipartidismo
El gobierno de Pedro Sánchez se ha lanzado a celebrar el 50 aniversario de la muerte de Franco, con un extenso programa de festejos, de los que sólo dos corresponden a la Región de Murcia. El programa se fundamenta en la Ley de Memoria Democrática (2022) que obliga al recuerdo y veneración de los que lucharon en el bando rojo de nuestra Guerra Civil y luego contra el régimen franquista.
Al Partido Socialista murciano le sabe a poco ese programa y ha pretendido en vano que la Asamblea Regional declare el periodo del bipartidismo (1975-2025) como el de mayor progreso de la historia y, además, que organice un homenaje a las personas, colectivos e instituciones que protagonizaron esos 50 años de felicidad.
En realidad, la declaración y el homenaje que piden los socialistas es un acto de narcisismo, un premio auto concedido, un reparto de medallas para la montonera de organismos públicos que han funcionado como agencias de colocación y para los colectivos de activistas hinchados a subvenciones desde la Transición.
En Vox decimos que la Asamblea no debe hacer evaluaciones sobre los grandes periodos históricos rivalizando con la Universidad. Lo más adecuado es condenar esa legislación de memoria retorcida que perturba la convivencia y destroza la libertad de pensamiento. Nos alegra que Feijóo imite a Vox y también diga que quiere derogarla, despejando las dudas y complicidades del PP, y que no piensa ir a las celebraciones del aquelarre conmemorativo.
Pero como el Partido Socialista se empeña en hacer un balance trucado, es bueno recordar que tras 50 años hemos llegado al final del Estado del Bienestar y al terreno de las democracias fallidas. Y es que si repasamos los resultados del sistema bipartidista podemos apuntar notables fracasos. Empezando por la política forestal, que se ha disuelto en el ecologismo más fanatizado, que desprecia la caza y apuesta por la proliferación de alimañas que acaban transmitiendo la peste porcina africana.
Ahora la gestión del agua cuestiona las presas y los trasvases, singularmente el Tajo-Segura, que está en el peor momento de su historia, con una amenaza de cierre que afecta incluso a las aguas subterráneas. Y la incorporación a la UE tuvo que pagar el tributo de la desaparición de la industria, desde la siderurgia y la naval hasta el automóvil y la minería, desmantelando el logro de haber sido la 8ª potencia industrial del mundo.
La exitosa política de vivienda del pasado persiste como un mal recuerdo, porque hoy los jóvenes están arrojados a una emergencia habitacional que ofrece alojamientos compartidos en los que no es posible crear una familia ni acceder a la propiedad. Y la fractura de España en Comunidades Autónomas, insaciables en singularidades inventadas y reparaciones históricas, ha conducido al empobrecimiento masivo de los españoles y al ridículo de la traducción simultánea que desprecia nuestra lengua común universal.
El sistema electoral diseñado para estos 50 años hace que el bipartidismo imperfecto se eche en brazos del separatismo, de manera que los partidos separatistas, en lugar de estar ilegalizados, están sobrerrepresentados, sometiendo a los españoles a un chantaje imperdonable mientras los gobiernos ceden los poderes del Estado y se reparten los fondos con los enemigos de España para políticas suicidas y criminales.
La agricultura se ha destrozado por los dictados del terrorismo climático que impone la Agenda 2030, que suprime y suplanta a la propia Constitución, reducida a un catálogo de instituciones serviles que ahora además están corrompidas. Pero el peor efecto destructivo es para la familia, en 1975 casi 3 hijos por mujer y 670.000 nacimientos; hoy 1,10 hijos por mujer y apenas 300.000 nacimientos. Hemos pasado del 99,54% de españoles al 20% de extranjeros, con una tendencia de sustitución demográfica no vista desde los tiempos del moro Muza.
La lista de todo lo que ha venido a menos es interminable. El resultado del bipartidismo es la pobreza generalizada y la desintegración nacional. Afortunadamente los españoles ya no soportan la estafa de unos ni la mafia de otros. No admiten medallas autoimpuestas ni que los políticos nominen «los mejores» gobiernos de la historia contemporánea.
Y que se lleve mucho cuidado Pedro Sánchez, con su juego itinerante de ‘escape room’ para que los jóvenes comprendan los horrores de la dictadura y celebren la muerte de Franco. En una caricatura de la historia muchos jóvenes entran en esa habitación oscura y salen cantando el Cara al sol, rompiendo las instrucciones del juego redactadas por socialistas, comunistas y separatistas. Pedro Sánchez se ha metido con toda su familia en una habitación del pánico de la que no puede salir, ni siquiera con el «francomodín» que usa como palanqueta. Posiblemente la última etapa de ese juego macabro sea una larga estancia en la cárcel, picando piedra para edificar su propio valle de los caídos.
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