Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Salud y rock and roll

Las expectativas: El marrón en el que me he metido

Las expectativas: El marrón en el que me he metido

Las expectativas: El marrón en el que me he metido

He escuchado dos podcasts de psicólogas argentinas, me he tragado un vídeo bastante denso en YouTube del padre del psicoanálisis, Carl Jung, que se llama: Cómo dejar ir las expectativas que destruyen tu paz. He tomado apuntes, en una sobremesa dejé caer el tema para escuchar opiniones y también he preguntado por redes sociales. En menudo marrón me he metido, pero allá vamos. Partamos de la definición: las expectativas son una parte intrínseca y fundamental de la experiencia humana, actuando como el motor que nos impulsa a establecer metas y a planificar el futuro. Sin embargo, cuando no se gestionan adecuadamente, pueden convertirse en una de las principales fuentes de decepción y frustración. La teoría está genial, pero la práctica es otro nivel. ¿Sois de los que os habéis creado expectativas a lo largo de vuestra vida? ¿Muy altas, normales, ninguna? ¿En el amor, en el trabajo, con amigos, con la vida en general? Y en el caso de que sí y los planes no hayan salido como queríais, ¿cuál ha sido vuestro nivel de frustración y decepción? Tengo clarísimo que soy de las que no ha sabido gestionar sus expectativas, y menos mal que tiro de humor para amortiguar las hostias de realidad que me he pegado. No está todo perdido, pero me aplaudo fuerte al empezar a darme cuenta a los 48 años, y poco a poco aceptar la realidad tal y como es. Aunque la vida me deba alguna, por tantas que me ha jodido.

Poco se habla de mi capacidad de guionista y creadora de películas, esas que en algún momento me he montado en mi cabeza ante una ilusión amorosa o un proyecto profesional. Hoy me centraré en las expectativas que me he creado al conocer a alguien. Nos reiríamos mucho si os contara la clase magistral que di una vez, haciendo todo lo contrario a lo que estuve pensando durante un año si volvía a encontrarme a aquel chico con quien pasé una noche muy divertida hace más de un año. Pues bien, sucedió, nos encontramos y fue un auténtico desastre. Sabes cuando haces todo lo contrario a lo que quieres, cada frase es peor que la anterior, y no hay posibilidad alguna de arreglar el desastre. Intenté parar un tsunami con un folio y spoiler, sale mal. En vez de ser simplemente yo, sin haber esperado nada, solo disfrutar del encuentro, fui la peor versión de Peter Sellers en El guateque. A mi favor diré que he dejado de inmolarme; ahora practico la contención y no muestro ningún tipo de entusiasmo, me mantengo casi inexpresiva, como muerta por dentro y por fuera. Creo que las expectativas son un cóctel de esperanzas y deseos, agitados y mezclados, que pueden convertirse en nuestro peor enemigo y hacernos daño. No somos capaces de mirarnos al espejo y aceptar nuestra vida con todas sus imperfecciones, y ser simplemente nosotros. Me ha costado tratar de disfrutar y dejar de intentar tener todo bajo control; esto último era mi especialidad. La frustración y la decepción son única y exclusivamente culpa nuestra. Un concierto de Los Planetas o los carteles año tras año del festival Bilbao BBK Live nunca me decepcionan, no me hago pajas mentales, ni me genero unas expectativas inalcanzables. Me adapto a un setlist como el de Los Planetas en Bullas, para los muy cafeteros, y el Kobeta siempre me va dar alegrías aunque no consiga nunca ver a Beirut o a Oasis en el monte que más feliz me hace del mundo. Elijo adaptarme y no encabronarme. Elijo dejar de ser una eterna insatisfecha, frustrada y decepcionada. Siento que en lo emocional todos estamos rotos por dentro, cansados, resignados y muy solos. El mundo se ha rendido, la gente no quiere querer, ni sentir; se conforman por miedo al conflicto, a volver a pasarlo mal, a sufrir, y ante eso, se acostumbran a una vida sin emociones. Cuáles habrán sido sus expectativas para acabar así. Qué nos habrá pasado. Quizás si nos aceptamos, si fuéramos capaces de soltar y liberar las cadenas invisibles que nosotros mismos nos ponemos. Quizás si dejamos de proyectar en otros lo que no somos capaces de aceptar en nosotros mismos, quizás ahí esté la respuesta. Me niego a creer que todo está perdido. Por mi parte, estoy intentando dejar de castigarme, dejar de ser mi peor enemigo, dejar de crear unas expectativas tan altas que lo único que me hagan sea daño; ya basta. Podría estar teorizando durante horas, pero quizás para resumir y acabar ya lo dice Xoel López en su canción Un año más: por todo lo que pudo ser y todo lo que no será. Aquí y ahora. Todo va a salir mejor.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents