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Opinión | Cartagena D. F.

Volver a casa por Navidad, pero no en tren

Estamos hartos de la precariedad, las dificultades y los parches que se acumulan desde hace años en este servicio esencial para nuestra comarca

Un tren de la línea FEVE (Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha) recorre unas vías en Cartagena.

Un tren de la línea FEVE (Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha) recorre unas vías en Cartagena. / Iván Urquízar

Lo de volver a casa por Navidad va por barrios, al menos si pretendes regresar en ferrocarril, porque, en Cartagena, lejos de llegar, el tren se va, como cantaban Enrique y Ana.

Durante la próxima semana, será imposible llegar en tren a Cartagena, las vías se cierran por obras. Sería algo normal y asumible, si no fuera porque estamos hartos de la precariedad, las dificultades y los parches que se acumulan desde hace años en este servicio esencial para nuestra comarca.

Muchos nos hemos rendido y cuando el tren nos deja en Murcia, recurrimos a amigos o familiares para que nos recojan en la capital y nos traigan hasta la portuaria. Por no hablar de los grupos de trabajadores que comparten coche y gastos de aparcamiento para trasladarse hasta Albacete y coger el tren en la estación de la localidad manchega dirección a Madrid, para luego hacer el camino a la inversa.

Manuel Pérez de Lema, Diego Illán, Pedro Pablo Hernández y Ana Correa. Son el póker de presidentes de la patronal cartagenera COEC que han bregado por la llegada del AVE a Cartagena desde que se iniciaron los primeros trámites administrativos al respecto, allá por el año 1999. La última de ellos, Ana Correa, ya no oculta la absoluta indignación de los empresarios, conscientes de que la ausencia de ese servicio supone un perjuicio y, sobre todo, una discriminación intolerable respecto a sus competidores en el mercado regional, nacional e internacional.

Los primeros titulares aparecidos en prensa que anunciaban la llegada del AVE a nuestra ciudad la fijaban en 2006. Veinte años después, nos venden que llegará en 2030, tras habernos prometido otras fechas intermedias que se perdían en el bochornoso camino de los informes inútiles o interesados y en la absurda burocracia que nos hemos autoimpuesto. Cuestión aparte son las disputas políticas y los cruces de reproches más o menos ingeniosos entre los Gobiernos de distintos signos que responsabilizan al contrario a la par que se lavan las manos cuando la responsabilidad ha sido de ellos.

El caso es que lo del AVE a Cartagena se ha convertido en una cuestión de fe y la verdad es que, al paso que llevamos, cuando llegue, puede que la tecnología haya avanzado tanto que se quede obsoleto en su primer viaje. Por si acaso, sigamos apretando y reclamando nuestros derechos a disponer de los mismos servicios que tienen el resto de ciudades españolas, así como a poder elegir si preferimos volver a casa por Navidad en un tren que no nos obligue a un plantón o nos deje tirados para seguir por carretera.

La indignación de la patronal es directamente propocional a la de todos los ciudadanos de a pie y de todos los colectivos que organizan eventos y se las tienen que arreglar como puedan para traer a sus invitados.

Como dicen algunos en los últimos tiempos, no me consta que se haya hecho ningún estudio sobre el impacto económico negativo que supone para nuestro entorno no contar con la alta velocidad. Lo que sí se ha medido son los beneficios que ha conllevado en otras ciudades cercanas, como Alicante o Murcia, en las que el transporte de pasajeros se ha disparado, lo que contribuye a la generación de nuevos empleos y a un incremento del PIB significativo.

Estamos hartos e indignados de tanta discriminación en este y otros servicios. Y no es que seamos unos llorones que vamos siempre con el mismo cuento, como nos acusan burlonamente algunos, es que no es de recibo que nos menosprecien de esta manera. No se trata de ser provincia o no, eso es un debate administrativo aparte en el que cada uno tendrá su legítima y respetable opinión, se trata de que pocas áreas de nuestro país con cerca de 400.000 habitantes tienen que pelear tanto por disponer de unos servicios decentes y tan básicos y necesarios para los ciudadanos como el transporte, la justicia o la sanidad. Esta misma semana, me ha tocado ir a la Arrixaca para unas pruebas que no entiendo por qué no pueden hacerme en el Santa Lucía. Y no, no estamos pidiendo un pabellón deportivo en cada barrio, ni una parada de autobús frente al portal de nuestro edificio. Solo reclamamos que la distancia que nos separa de nuestras familias y seres queridos en fechas como las que se aproximan no esté a años luz de quienes tenemos al lado.

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