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Opinión | Miradas furtivas

Solo somos tiempo

Imagen.

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Cada día que pasa creo entender mejor el ‘comportamiento’ último de mi padre y no me parece que esto sea por genética o cercanía, sino por la edad, por encontrarme en ese mismo espacio temporal que él tenía cuando todo lo suyo me parecían manías y, hasta cierto punto, contradicciones. Por ejemplo, él fue muy aficionado a los toros, seguidor de Manolete o de Domingo Ortega, pero cuando yo empezaba a apasionarme con Antoñete, Paula, Ortega Cano, Pepín Jiménez… dejó de estar interesado y nunca me acompañó a corrida alguna. Pero, ay, ahora soy yo el que, una vez retirado Morante, ya no me interesa el toreo. ¿Por qué? ¿qué nos sucede entonces? ¿acaso el toreo sin ellos ha terminado?

No, el toreo existirá mientras haya corridas y, sobre todo, gente que acuda a sentir el vacío de la creación y, claro, toreros que lo sepan interpretar. Otra cosa es que tu propio sentido del tiempo coincida con el tiempo del toreo.

Decía antes que cada día que pasa estoy más cerca de mi padre, de su melancolía, de su mirada perdida mientras la fijaba en sus pies o en el horizonte, pero creo que en todo esto vamos coincidiendo porque el tiempo nos va asimilando. Cuando eres niño la vida es infinita, pero cuando te vas acercando a tu final, el tiempo desaparece, deja de ser una medida y hasta de tener un sentido. Decía Rafael de Paula que, si algo es el toreo, es música, ritmo, compás... Efectivamente, como la vida misma, que solo es tiempo de un único compás, aunque con un ritmo cada vez más alargado, más pausado, más silencioso...,más eterno, o sea, más Nada.

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