Opinión | De dioses y de hombres
Educar con la música

Cartel de los ‘Conciertos en Familia’.
Ya en la mítica Atenas del siglo V a. de C. Platón hablaba sobre la importancia de la educación musical en la formación del hombre, del ciudadano. El célebre filósofo comparaba la música en la forja del carácter con la gimnasia en el fortalecimiento del cuerpo; decía, además: «La música ordena el alma y las pasiones humanas, siendo un reflejo del orden cósmico y esencial para la armonía de la ciudad». También nos dice que la música nos acerca a la verdad y a la belleza; algo que puede parecer evidente a priori, pero que es tremendamente profundo y que ha sido motivo de estudio para infinidad de músicos y teóricos a lo largo de los tiempos. Siempre sorprende la actualidad y vigencia de gran parte de los postulados del mundo clásico para alumbrar nuestra sociedad actual, nuestro presente. Nos demuestran y enseñan como la historia suele ser reincidente en temas y preocupaciones sobre los que, en la mayoría de ocasiones, parecemos no terminar de aprender.
La música debería ser fundamental en todo currículum educativo, en cualquier sociedad, pues siempre nos mejora y enriquece. Consecuentemente, también transforma a ese conjunto de personas que llamamos sociedad, esa «polis» que denominaba Platón. En los años que llevo de docente -que ya son dos décadas- he podido comprobar cómo la mayoría de alumnos que estudian en el conservatorio tienen algo especial que los diferencia. Una destacada capacidad para enfrentar los estudios y la vida misma, con evidentes excepciones, como es normal. La música desarrolla una parte del cerebro esencial y entrena una necesaria -y cada vez menos frecuente- disciplina; unos hábitos que son hoy día tremendamente urgentes frente a la deriva mayoritaria que vivimos.
Desde hace muchas primaveras ya, en el auditorio Víctor Villegas, se celebra, temporada tras temporada, una de las propuestas más interesantes, en calidad y finalidad, del panorama regional. Se trata de los ‘Conciertos en Familia’, ciertos domingos al año, a las doce del mediodía se celebra la música entre niños de diferentes edades. Conciertos a los que, desde que soy padre, he acudido en numerosas ocasiones con mis hijos y sobrinos. Se trata de una propuesta cultural genial, necesaria y valiente, que pretende acercar la música clásica u orquestal a los más pequeños; y que esto sea motivo de disfrute y encuentro junto a padres y familias. Nuestra magnífica Orquesta Sinfónica interpreta temas relacionados con conocidos cuentos o diferentes historias atractivas, por diferentes motivos, para los más pequeños. Se suelen intercalar o fundir las piezas musicales con narraciones e interpretaciones, creando unas magníficas escenografías de gran calidad y sumamente atrayentes para el público infantil. Son ya muchas las puestas en escena llevadas a cabo a largo del tiempo; obras tales como el Patito feo, Soñando el carnaval de los animales, Pesadilla antes de Navidad, Peter Pan ballet, entre otras. En esta temporada se ha representado El Grinch y nos esperan otras prometedoras representaciones como La vuelta al mundo en ochenta días o Una odisea en el escenario. Contamos en todas ellas con una directora de lujo: Virginia Martínez, que en muchas ocasiones realiza incursiones en el mundo interpretativo con la mayor de las elegancias. Mujer valiente que apostó de forma decidida por este proyecto. Un proyecto que creo, sinceramente, es uno de los mayores aciertos en la programación cultural de nuestra Región.
El pasado domingo, mientras disfrutaba de la representación y observaba las caras de mi alrededor, no podía dejar de sentir la emoción que nace de los sueños que, como Platón decía, nos conducen hacia la verdad y la belleza. Juntar a varios miles de personas bajo un mismo techo, en torno a la Sinfónica de la Región de Murcia, celebrando la música, la familia y la cultura no es algo de mero divertimento: es una necesidad imperiosa para acompañar y educar a nuestros más pequeños que serán los hombres y mujeres de mañana. Romper esa solemnidad que suele reinar en los grandes teatros y auditorios para acercar destacadas obras a los niños es una de las mejores herramientas que se me ocurren para encender una luz en su interior. Emociona ver a familias -a veces con numerosos hijos- acudir juntos a nuestro auditorio para esta singular fiesta.
Esta semana también hemos despedido a otro grande de nuestra música: Robe Iniesta, artista que alumbró, con su música y letras, a numerosas personas entre las que me encuentro. Me gustaría terminar con una idea que el músico extremeño pronunció al recoger la Medalla de su tierra: «Necesitamos educación artística en las escuelas, no para sacar más artistas, es para sacar mejores seres humanos», pues eso.
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