Opinión | Nos queda la palabra
Andaluces
Aquí al lado. Latinos como nosotros, que manda romana. En su momento, hasta españoles, compartiendo el imperio. Milán.
Y, sin embargo, no nos quieren o, lo que ahora es lo mismo, nos tratan como tratamos a los inmigrantes tanto aquí como allí, que en eso también coincidimos.
Tras salir de un restaurante sin dar propina, nos piropearon llamándonos andaluces. Aparte de quedarnos con tanta hambre como cuando entramos, pues la pasta era menor que la que sumó la cuenta, nos clavaron 4 euros por cubierto y otros 4 por una botella de agua del grifo que, a ese precio, presidía la mesa.
A la vuelta, desde la maravillosa plaza del Doumo, el taxista que nos correspondía declinó llevarnos y nos conminó a tomar el taxi que conducía otro inmigrante indio con una especie de camioneta cuyos asientos y maletero tuvo que despejar para hacernos un hueco. El primero, los supremacistas siempre se consideran los primeros, nos oyó hablar en español y no le gustó, renunciando a su turno y, con dotes de ordeno y mando, seleccionó el vehículo y conductor que entendió se asimilaba a nuestra condición.
Sí es verdad que al topónimo también unieron la coletilla «del sur tenían que ser». En el rico norte de Italia al tacón lo consideran de segunda, igual que ocurre aquí. Entre chanzas o no, las puyas a Nápoles no son menores que las que reciben los que sesean desde la parte de arriba de nuestra península.
A la guía que nos tocó tampoco le pareció gustar el paso de Carlos I y Felipe II por el ducado. Pasó de puntillas para, a continuación, preguntar sobre los latinos que nos acompañaban en la visita, atribuyéndose mayor paisanaje con ellos pues dan por suyo al mismísimo Colón.
Tampoco hizo referencia a las placas conmemorativas que ocupan la antigua lonja del mercado milanés, dedicadas a la valiente resistencia antifascista y eso que prácticamente nos topamos con ellas.
No quiero yo generalizar, como lo hacen ellos, y tildar a todos los italianos de la misma condición que Meloni. Pero sí me sumo a la escultura L.O.V.E de Maurizzio Cattelan, que representa un dedo corazón hacia arriba justo enfrente de la Bolsa de Milán, edificada como símbolo de la era Mussolini… A él y a todos los que siembran odio e intransigencia, aquí y allí, que les den.
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