Opinión | Mamá está que se sale
¡Libertad!
Premio Nobel a la resistencia
La primera vez que situé Venezuela en el mapa, creo que fue cuando me aprendí las capitales del mundo. Un poco más adelante, sin llegar a sentirme venezolana (tampoco era la cosa para tanto), sí que pasaba un rato cada día allí, con la historia de amor de Cristal y Luis Alfredo. Para olvidar, lo sé. Aunque seguro que tú también la veías.
Desde entonces, nunca más se oyó hablar de Venezuela como ese país caribeño de vida apacible. Unos políticos nefastos, y una población ignorante, dieron como resultado un gobierno populista que lo ha arruinado por completo. Decir que el país con más reservas de petróleo del mundo tiene que comprar petróleo, porque lo ha (mal)gastado, es decir mucho. Pero no hay sólo ruina económica, como sabes. Ha sido una generación entera perdida. Sin sanidad, sin educación… Baste el dato de la inflación del 400% (cuatrocientos por ciento, sí) que sufrían el mes pasado, durante sus peculiares navidades.
Frente a todo ese desastre, María Corina Machado: el triunfo de la paciencia y de la esperanza. Y también de la resistencia, la audacia y la inteligencia. Ni un solo tiro para hacer frente a la revolución bolivariana. Ni un acto de violencia. No por falta de ganas, sino por dignidad. Se merecen recuperar su país sin causar más muertos, ni más sufrimiento. Bastante han tenido ya.
La plaga de termitas que han dinamitado las instituciones venezolanas la odian, con razón. No sólo es la única persona que realmente tiene capacidad para devolver su país a los venezolanos. Además, es la única a la que no han podido ni apresar, ni expulsar. Y encima, ella combate desde la paz. Hay que reconocer que es un rayo de esperanza en medio del desorden universal.
No voy a decir que sea un triunfo del feminismo, sobre todo porque la magnitud de la tragedia venezolana dejaría al feminismo en ridículo. Pero sí creo que es un triunfo de las virtudes femeninas: crecerse en la adversidad, no desanimarse, hallar con audacia la solución, por lejos que esté. Y, sobre todo, despreciar a su adversario (a su enemigo, mejor dicho) no entrando en su juego criminal, se merece un premio. María Corina Machado ha hecho lo que vienen haciendo las madres desde la historia de la humanidad, que no es otra cosa que resistir.
Ayer precisamente salía Delcy (la del avión) insultando a María Corina. Decía un disparate con otro, mientras pobres fanáticos la jaleaban. Daba pena. Pienso que cuando un enemigo tan despreciable te insulta, es porque ya no tiene nada que hacer. Has ganado.
He leído su rueda de prensa tras la entrega del Nobel y pienso en lo bonito de que se premie no a los que hablan más alto, sino a los que aguantan más fuerte. Así que celebremos. No se va a arreglar Venezuela de golpe, ni María Corina va a volver sana y salva a su casa, pero celebremos que el coraje sin violencia sigue existiendo. Y porque hace ilusión ver que alguien que no ha tirado la toalla recibe un aplauso en forma de premio Nobel.
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