Opinión | El especialista
Las comidas y cenas de empresa
El ser humano, dicen, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra… y en estas veladas parece empeñado en demostrarlo
Con la llegada del final de año reaparece uno de los clásicos del calendario laboral: las cenas y comidas de empresa. Tras doce meses de esfuerzo, rutinas exigentes y cierta penitencia cotidiana, muchos trabajadores consideran estas celebraciones como la oportunidad perfecta para desconectar… y algunos, directamente, para soltarse la melena sin mirar atrás, ya tendremos tiempo luego de arrepentirnos.
Lo cierto es que en estas fechas son pocos los que deciden moderarse con la bebida. Los datos lo confirman: bastante más de la mitad de los encuestados de cualquier encuesta admite que acude a estos encuentros con la intención de divertirse sin demasiados límites, sin pensar en cotilleos posteriores ni en el temido «qué dirán» al volver al puesto de trabajo.
La memoria, sin embargo, no suele ser la mejor compañera de la fiesta: muchos reconocen que beben lo suficiente como para que al día siguiente los recuerdos sean confusos. Y, aun así, la mitad admite haberse arrepentido alguna vez de su comportamiento en una cena de empresa. El ser humano, dicen, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra… y en estas veladas parece empeñado en demostrarlo.
Estas celebraciones también sirven de escenario para que algunos se armen de valor y den un paso que llevan tiempo posponiendo: intentar conquistar a un compañero o compañera que les gusta. Con el ambiente festivo y el empuje del alcohol, no son pocos los que aparcan la timidez en casa y se lanzan a la aventura sentimental, además de que el momento es el oportuno para ello, parece que los astros se alinean.
Por supuesto, nunca faltan los ‘Grinch’ corporativos: aquellos que reniegan abiertamente de las fiestas navideñas y que dejan claro, año tras año, que acudir a una cena de empresa no entra en sus planes. Su espíritu antifestivo se convierte casi en una tradición paralela.
Mientras unos aprovechan la ocasión para elogiar a su jefe, otros para compensar con regalos de última hora aquello que no han regalado durante el año. Algunos se dedican a comer y beber sin medida; otros intentan mejorar su imagen personal con discursos cargados de buenas intenciones. Pero conviene no dejarse engañar: el carácter verdadero no cambia por el simple hecho de que sea Navidad, el que es un hijo de puta lo es durante todo el año.
Aunque muchos se marchan de viaje y otros celebran únicamente con amigos, miles de trabajadores continuarán reuniéndose en torno a mesas repletas de comida, brindis y risas. Llamarás a diez restaurantes para reservar mesa y en todos te dirán que en estas fechas está todo completo. Los que reservaron hace dos meses no tuvieron ese problema, son los cerebritos de la organización: hacen la reserva, avisan a los compañeros, recogen el dinero… ¡Que nunca falten! Y en todos los casos, conviene recordar que, más allá del espíritu festivo, la responsabilidad sigue siendo imprescindible. Como suele decirse, la carretera no es traicionera: somos nosotros quienes convertimos una noche alegre en una historia que puede acabar mal.
Por eso, si el entusiasmo sube y el alcohol se dispara, lo más sensato es evitar conducir. Los números no dejan lugar a dudas:
Hasta 0,50 mg/l de alcohol en aire espirado: 500 euros de multa y 6 puntos.
Más de 0,50 mg/l: 1.000 euros y 6 puntos.
A partir de 0,60 mg/l, el asunto deja de ser administrativo y pasa a ser delito, con penas que incluyen prisión, multa, trabajos en beneficio de la comunidad y la retirada del permiso de conducir de uno a cuatro años.
Así que disfrute quien quiera disfrutar, modérese quien quiera moderarse y desinhíbase quien lo considere oportuno… Pero que todos recuerden que volver a casa «mamado» y además bebido al volante puede convertir una noche de celebración en una desgracia. Para eso existen los taxis, los amigos responsables (a mí no me llamen) y, sobre todo, el sentido común.
No hace falta que lo diga la DGT, todos deberíamos saber que «en un siniestro de tráfico puedes morir o perder tu vida», o lo que es lo mismo, que cuando sobrevives a un siniestro de tráfico mortal que tú has provocado, en realidad estás muerto en vida, ya que ese suceso traumático va a acompañarte para siempre, de día y de noche, con consecuencias muy duras que tendrás que soportar el resto de tu vida. Y muchísimo mayor para las inocentes víctimas que has dejado. Recuerda lo que decía Stevie Wonder en 1985: «Si bebes, no conduzcas».
Y recuerda, la semana que viene tenemos nueva campaña de la DGT, del 15 al 21 de diciembre (los más «listos» dirán que se está recaudando porque viene la paga extra de los guardias), para controlar precisamente el tema que estamos debatiendo, el consumo de alcohol y drogas cuando se conduce, por lo que verán que se intensifican los controles policiales en todo el país. Es triste que cada año se repitan las cifras, la mitad de los fallecidos en siniestro vial presenta alcohol o drogas en el organismo. Entre todos podremos evitarlo.
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