Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Noticias del Antropoceno

El puñetazo en la mesa de Google

Alphabet , la matriz de Google, es una organización que gana tanto dinero desde hace tanto tiempo que no hay ninguna rama de la tecnología que no haya intentado dominar, invirtiendo parte de esos beneficios. Afirmaba el fundador de Intel a través del título de su famoso libro que Solo los paranoicos sobreviven. Intel es una empresa (ahora en decadencia) famosa por sacar al mercado nuevos chips más avanzados antes de que este lo exigiera, anulando así la estrategia de innovación de sus competidores. Con esta misma filosofía, Google ha ido mejorando día a día lo que constituye el corazón de su ecosistema (el buscador) pero no ha descuidado la investigación de base y la puesta en marcha de proyectos de desarrollo colaterales.

En Google fueron pioneros en el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Eso lo puede confirmar cualquiera que haya estado atento a esta tecnología desde hace años. Google siempre había estado a la vanguardia, hasta que hace tres años se vio sorprendido por la irrupción de OpenAI y su aplicación ChatGPT, que ha dominado el mercado de la Inteligencia Artificial generativa desde entonces, amenazando con convertirse en este campo en lo que Google consiguió en la tecnología de buscadores. Las reacciones iniciales de Google a la aparición de ChatGPT fueron frustrantes para los que confiaban en la marca y esperaban una respuesta mucho más coherente. Gooogle parecía derrotado y vencido

Como si de una película de Hollywood se tratara, los superhéroes de Google han reaparecido con múltiples y potentes herramientas de IA agrupadas en torno a su aplicación de referencia en este sector: Gemini. La característica fundamental del nuevo lanzamiento es su carácter multimodal. Puedes empezar con una pregunta y acabar con una presentación multimedia sobre el tema. Con la sobriedad que caracteriza a su comunicación, el interfaz de Gemini parece idéntico al de ChatGPT, pero detrás de ello hay un monstruoso desarrollo de inteligencia analítica y generativa que deja a la altura del betún al de su competencia. Como consecuencia, el propio Sam Altman, CEO de OpenAI, ha entrado en modo pesimista sobre su futuro. Lo peor es que sus inversores se están dejando también llevar por el pánico.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents