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Opinión | Escrito en el aire

Patrias

Comparto con Jorge Semprún la suerte, aunque a veces se convierta en carga, de ser bilingüe en francés. No es por mérito propio, creedme, solo fruto del exilio. Del exilio político en su caso, del económico, en el mío. Por haber perdido sus padres una guerra contra el fascismo, por tener los míos que emigrar en pleno franquismo en busca de una vida mejor. «La migración es un impulso inevitable conectado con la esperanza», dice la escritora María Iglesias. Tropiezo con esa realidad bilingüe que no atenúa el paso del tiempo, sino todo lo contrario, releyendo —¡Qué cosa, diréis!— Federico Sánchez se despide de ustedes. «¿Cuál es tu nacionalidad?», le preguntó Javier Solana a Semprún al teléfono antes de proponerle en nombre de Felipe González ser ministro de Cultura. El autor de La escritura o la vida dudó. «Soy bastante apátrida», acabó contestando. «Bilingüe, por consiguiente esquizofrénico, por consiguiente sin raíces. De hecho, mi patria, a diferencia de otros escritores, más que la lengua, es el lenguaje». Y los zapatos, Jorge, los zapatos, como cantaba El Último de la Fila. Feliz día de esos ‘zapatos’ que son la Constitución.

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