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Opinión | Nos queda la palabra

El agua que nos lleva

El polígono industrial de Sedaví, Valencia, inundado tras el paso de la dana.

El polígono industrial de Sedaví, Valencia, inundado tras el paso de la dana. / EFE/Miguel Ángel Polo

El Gobierno regional de Valencia critica la falta de rigor de la Confederación Hidrográfica en la dana. El Gobierno regional de Murcia critica el exceso de rigor de la Confederación Hidrográfica prohibiendo la construcción en zonas inundables.

Los hechos, más alguna jueza que nos reconcilia con ese poder, son tozudos y desmienten ambas aseveraciones, dejando al descubierto el juego de la sinrazón que promueven las procelosas aguas de los que, en ningún caso, quieren asumir responsabilidades.

Me matan si no trabajo y si trabajo me matan, como dice el célebre poema del cubano Nicolás Guillén, podría ser el lema de la vilipendiada administración central mientras al frente esté el maldito Sánchez. Ya saben, si respeta las competencias autonómicas, fatal, y si no lo hace, peor aún.

Ya en la siempre presente tragedia de nuestros vecinos, en los mismos días en que se buscaba a los desaparecidos, aquí en Murcia se presentaban planes para levantar viviendas en zonas con riesgo de inundación.

Un año después, durante esta misma semana, los promotores ponen el grito en el cielo por la ampliación de zonas inundables cuando lo que se está incrementando, cada día, es la construcción en estos espacios.

Un reciente estudio de la Universidad de Murcia concluye que el riesgo actual es máximo tras analizar ocho siglos de riadas. Constata que la invasión se multiplica en el litoral y, por tanto, la amenaza de catástrofe es latente. Más de 550.000 personas viven en una zona inundable en el área de influencia del Segura.

Pero no se preocupen, ni la ciencia, ni los datos, ni los muertos ni el demonio que está al frente del ejército confederal, van a impedirnos levantar cimientos sobre los cauces.

Cuando ya nos llegue el agua al cuello y las víctimas se cuenten por centenares lloraremos lágrimas de cocodrilo, por la cuenta en el Ventorro también, mientras con una mano votamos a los que han dado pie a esa situación, negacionistas del medio ambiente, y con la otra repasamos los planos de nuestra próxima vivienda en la playa.

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