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Opinión | La Feliz Gobernación

El libro ‘fake’

De 'Reconciliación' es falso hasta el género, pues no se trata de unas memorias sino de un relato de política-ficción

'Reconciliación'.

'Reconciliación'. / EFE

No voy a leer Reconciliación porque la portada es engañosa: el autor no es quien aparece como tal, y el título, por los avances conocidos, no responde al contenido. No lo ha escrito Juan Carlos I sino una señora contratada al efecto, Laurence Debray, y en cuanto al concepto que se exhibe, no expresa verdad ni siquiera en relación al supuesto autor, pues éste asegura en una entrevista que no se arrepiente de nada, es decir, ni siquiera se reconcilia consigo mismo. Es falso hasta el género, pues no se trata de unas memorias sino de un relato de política-ficción.

La tesis central, según la promoción, es que el personaje al que la autora concede la voz es un amante de la democracia; sin embargo, al ser descubiertas sus trampas a la Hacienda pública con que la democracia se sostiene, se exilió a una autocracia cuando tantos países de sistema liberal hay a elegir en el mundo, y en el texto los mayores elogios se dedican a un dictador, el que le concedió la Corona mediante una Ley franquista, la de Sucesión.

Su reivindicación de la Monarquía es también equívoca, pues en realidad el sucesor monárquico natural no debiera haber sido él, sino su padre, Juan de Borbón. ¿Que coherencia puede existir en el relato cuando el principio básico de la identidad monárquica, la sucesión según el orden familiar, se suspende por la intercesión de un dictador? Vista tal anomalía, y dado que la democracia contiene más legitimidad que la dictadura, hoy sería lógico que al titular de la Casa Real lo eligiera el Parlamento al margen del determinismo sanguíneo, con lo cual el concepto de Monarquía Democrática sería más compacto. En ese contexto, los reproches explícitos a su hijo Felipe por su actitud hacia él quedan en poca cosa si atendemos a lo que le pudo haber censurado su padre por arrebatarle la Corona. Por otro lado, la pretensión de que el personaje protagonista del libro ‘trajo la democracia’ constituye una evidente distorsión, pues para hablar en propiedad debería considerarse que ‘la democracia lo trajo a él’.

La autoría, el título y el género son falsos. Y el contenido es un cuento de Navidad para ingenuos, que sin embargo están advertidos: «Lo volvería a hacer todo igual, pero con más cuidado». Además, no sale Bárbara Rey, que es en todo esto la joya de la corona.

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