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Opinión | La balanza inmóvil

La dama y el tertuliano

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el exministro José Luis Ábalos, en una imagen de archivo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el exministro José Luis Ábalos, en una imagen de archivo. / EFE

Decía el otro día un tertuliano… No me resisto en este estado de la cuestión a hacer un paréntesis para recordarles que un tertuliano es un ser de luz, que sabe de todo, entiende de todo y pontifica de todo (N.A.: yo también a veces soy tertuliano). Decía ese sabidillo tertuliano, que en un local donde se ejerce la prostitución es muy difícil que la madame sea una dama y no una prostituta. Luego ponía esa reflexión -marcando distancias- en conexión con el famoso viaje del Peugeot por España, cuyo resultado fue el triunfo de Sánchez en unas primarias del PSOE, donde dicen que allí votó hasta el Tato aunque no estuviera, y el encarcelamiento de tres de los viajeros, al estilo de la famosa novela de Camilo José Cela Viaje a la Alcarria.

¿Será o no esa dama Sánchez? Todo es posible. He visto cosas más raras en mi vida profesional. La realidad siempre supera a la ficción. Pero ¿y por qué no me voy a creer que no se enteró de nada de cómo eran sus acompañantes? Haré un acto de fe para creérmelo y también que como consecuencia de la ignorancia acerca de la personalidad, gustos y aficiones de unos y otros (Koldo, Ábalos y Cerdán) nombró a estos dos últimos sus manos derechas en el gobierno y en su partido. Está claro que Sánchez no sabía nada de esos potentes políticos. Como también está claro que éstos han negado que sean sus voces las de las grabaciones (menuda defensa, por cierto), donde se escucha lo del cobro de comisiones a cambio de dar obras a empresas determinadas, a viajar de aquí para allá, y el constante acompañamiento de mujeres, alguna de las cuales se les ponía un piso o se les daba sueldo sin trabajar. En fin, parece ser que se daban la vida padre a espaldas de su jefe. Cerdán dicen que era el cabecilla. Ábalos, el ambicioso que le gustaba disfrutar de la vida en todos sus aspectos. Y el tercero, Koldo, era el que facilitaba todo, siendo sumamente servicial, que no servil, y que se está tragando el marrón de los dineros y juergas de los otros dos.

Y Sánchez en la inopia. No digo en la luna de Valencia porque no está el horno para bollos, después del triste espectáculo ofrecido por su expresidente, que no justifico, pero de ahí a llamarlo asesino hay un abismo. Que no, que Sánchez no sabía nada ni cuando viajaba en el Peugeot, ni tampoco cuando nombró sus manos derechas, uno tras otro, a Ábalos y después a Cerdán, para el gobierno y el partido. Me lo creo, porque Sánchez es convincente. Si no, que se lo digan a Puigdemont que es capaz de engañar a la policía, huyendo primero en el maletero de un coche, y otra vez por culpa de un semáforo en rojo, pero cae ante Sánchez con sus promesas de cantos de sirenas como la amnistía, la independencia de Cataluña y el uso del catalán oficialmente en Bruselas. Parece ser, pues, que el presidente del gobierno convence a quien se le ponga delante con sus dotes de persuasión y su resistencia más allá de lo imaginable. Pero como todo tiene un límite, los socialistas de verdad y que no le deben nada a Sánchez, le dan la espalda porque creen en el socialismo auténtico, y no en el sanchismo, cuyo fin es perpetuarse en el poder acompañados de aquellos que sin él no se comerían una rosca en su vida política. Nunca van a obtener sus socios de gobierno más concesiones que de éste, por eso luchan hasta la extenuación y tragan de todo con complicidad evidente, para que no caiga Sánchez y para que no haya elecciones anticipadas, que pondrían fin a sus prebendas.

Solo recordaré hoy, víspera de la C.E., su artículo 14., cuando proclama la igualdad de todos los españoles ante la ley. Por eso, a Puigdemont aún no se le ha detenido. En fin, no reflexionaré más en voz alta, porque al fin y al cabo estamos a las puertas de la época más bonita del año, que es la Navidad, donde todos los seres humanos nos igualamos de verdad, porque somos medidos por el mismo rasero, gracias a que el Hijo de un Dios nació de la forma más humilde posible. En esta época, todas las mujeres son damas y todos los hombres caballeros. Y por supuesto inocentes, e ignorantes de todo lo que pasa a su alrededor. No hay más ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír, ni más disonante cognitivo que un interesado.

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