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Opinión | Tribuna libre

Un Centenario mutilado

Las emisoras celebran en Cartagena el Centenario de la Radio en la Región (1925-2025) y vuelven a cometer un error muy gremialista y habitual en muchos sectores con fuerte componente corporativista: confundir la histórica efeméride con los indudables méritos de unos pocos.

Que las potentes emisoras de radio actualmente en vigor en la ciudad puedan usar esa celebración para alardear de sus logros (RNE, SER, Onda Cero, COPE y Onda Regional) no debería haber impedido que, generosamente, dejaran un hueco para «las otras radios» que han existido en la ciudad.

Hubiera sido todo un ejemplo de humildad, magnanimidad y rigor histórico.

Y me estoy refiriendo aquí a cuatro imprescindibles movimientos de radiodifusión sorprendentemente ninguneados por la comisión que ha organizado la exposición conmemorativa en el Palacio Consistorial: el movimiento de radios libres surgido en la Región en los ochenta, el fenómeno de las radios municipales, las radios educativas puestas en marcha por algunos colegios e institutos y, por último y no por ello menos importantes, el papel de los radioaficionados.

La Región se unió, durante la década de los ochenta, al potente movimiento social de radios libres que surgieron en todo el territorio nacional. Una treintena.

En Cartagena fue Radio Scándalo (105 MHz) y, en Murcia, Radio Termita (102 MHz).

Este interesante movimiento mediático fue creado casi sin recursos por la propia sociedad civil ante el ninguneo a que estaban sometidos los colectivos vecinales, feministas, ecologistas, antimilitaristas, anti-OTAN... por parte de las potentes cadenas de radiodifusión y que se mantuvieron activas y operativas durante largos años en el dial de la FM en todo el territorio español cuando aún no existía un Internet que más adelante ampliaría la libertad de expresión.

Radio Termita, acabó entregando la emisora al Frente Polisario en una fiesta celebrada en el mítico Zalacaín; mientras Radio Scándalo la cedía al movimiento popular organizado en El Llano del Beal para evitar la desaparición del pueblo en manos de la minería.

Las sucesivas reformas legislativas de los gobiernos de Felipe González (fuertemente presionado por las emisoras «legales», y sus innegables intereses corporativos; y, no vamos a negarlo, el interés del Poder por controlar el mensaje sin la presencia de las molestas radios libres) generó una normativa nacional que las ilegalizaba a la vez que permitía, para compensar, la creación de emisoras municipales a cargo de los ayuntamientos (en Cartagena se creó una con dinero público desde la Universidad Popular que llegó a dar cursos de formación) y de la que también es posible documentar algunas en la Comarca como Radio Fuente Álamo o Internacional Manga Radio.

Además, posiblemente algún lector recordara cómo, al calor del fenómeno de esas radios libres y el bajo coste que suponía ponerlas en marcha, muchos institutos cartageneros optaron por montar algunas como Salesianos (Radio Encuentro, en 104 Mhz), Franciscanos (Radio Escuela, en 106 Mhz) o el instituto de Los Dolores (Radio Sol).

Por último, no estaría de más haber cedido un espacio en esa exposición al importante papel social y de difusión del medio que cumplieron los dos clubs de radioaficionados presentes en Cartagena: Radio Club Cartago (situado en una colina cercana al polígono Cabezo Beaza) y Radio Club Alfonso XIII (en el hotel con su mismo nombre).

El rigor histórico de esta exposición, que ha contado con el aval del propio Ayuntamiento, ha quedado sacrificado en aras de un innecesario autobombo de las emisoras que detentan actualmente el control absoluto de la información que llega a los ciudadanos a través de sus micrófonos ignorando, quiero pensar que por desconocimiento, «las otras radios» que también forman parte ya de la Historia de la Radiodifusión en la ciudad.

Una lástima.

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