Opinión | Pasado a limpio
Solo ante el peligro

Una escena de 'Solo ante el peligro'
D. Rodrigo Fernández-Carvajal, maestro de juristas, era un pozo de sabiduría. No podía uno quedarse en la superficie, había que llegar hasta el fondo para saciar la sed de conocimiento. Dedicó un tiempo bastante considerable a una crítica diacrónica de Marx, contrastando sus teorías con los grandes pensadores que lo habían precedido desde la Antigüedad hasta casi sus contemporáneos. A mi juicio, la crítica a Marx no podía hacerse contrastándolo con los pensadores antiguos, sino con los contemporáneos. La razón es sencilla, el contexto socioeconómico en el que vivió Marx no tenía parangón en la historia y las conclusiones a las que llegó no le restan mérito como analista económico y sociopolítico. La crítica posterior es mucho más rigurosa desde el punto de vista técnico. En cualquier caso, la aportación de Carlos Marx al movimiento obrero y a diversas ramas del conocimiento fue tan significativa, tanto en el método como en el contenido, que ha sido determinante de la geopolítica mundial hasta la caída del muro de Berlín. Probablemente, las leyes antimonopolio no existirían si no se hubiera escrito El Capital.
El caso viene a cuento de unas recientes declaraciones del presidente de la Croem, Miguel López Abad, en una entrevista en La Ser, en las que tachaba a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, de comunista. Ya lo había hecho con el Gobierno, allá por el mes de marzo, pero ahora especifica. Como el calificativo fue usado en términos despectivos en ambos casos, sin el más mínimo análisis ni rigor, no ya científico, sino inteligente, no puedo por menos que encuadrar tales declaraciones en el clima político de creciente polarización que refleja la reciente encuesta del Cemop de la que daba cuenta este diario el pasado lunes. Una voz más del coro de vocingleros que responden al corifeo.
Cualquier lector de Tintín sabe que hasta para insultar es necesario tener clase, al menos como el capitán Haddock, de lo que se deduce que la tropa de Romanones ha perdido estilo y peso –en neuronas cerebrales–. Decían que M. Rajoy era un gran lector... de la prensa deportiva, pero los nuevos no llegan ni a los titulares, porque no gastan en periódicos.
Tachar a alguien de comunista o socialista podía ser terrible para cualquiera en tiempos de la dictadura franquista. Era como el estigma de Caín, del que no podía librarse nunca y que no permitía aspirar a otros empleos que no fueran los de peón. Cuando Suárez legalizó el PCE fue poco menos que una herejía que muchos no le perdonaron. Distinguir lo que era el eurocomunismo no exigía especiales dotes intelectuales, aunque para los carcas seguía siendo lo mismo.
Claro que la cruzada anticomunista no fue exclusiva de la dictadura franquista. En los Estados Unidos, el senador McCarthy encabezó una auténtica ‘caza de brujas’. El Comité de Actividades Antiamericanas no se caracterizó por la pulcritud de sus procedimientos ni por la defensa de la libertad de pensamiento, ni por la presunción de inocencia. ¡Todo un periodo ejemplar de la política norteamericana!, que acabó con la carrera de algunos actores, guionistas y músicos del Hollywood de finales de los 40 y principios de los 50. Una crisis que dejó muestras de comportamientos poco ejemplares. Pero también algunas muestras de valentía, como Humphrey Bogart.
El cine dejó películas notables. La ley del silencio, de Elia Kazan, fue una alegoría del macartismo, mientras que Sólo ante el peligro, de Fred Zinnemann, lo fue de lo contrario. Esta incluso tuvo su respuesta en Río Bravo, de Howard Hawks, con John Wayne, como contrapunto a la protagonizada por Gary Cooper.
La historia pendular que también representó Miguel de Unamuno, finalmente alzado frente a aquel «Muera la inteligencia» de Millán-Astray. Con ese péndulo seguimos a pesar del tiempo transcurrido.
La encuesta del Cemop a la que antes aludíamos refleja una caída de la simpatía hacia los líderes políticos, pero también hacia los partidos tradicionales. Leyendo entre líneas, colijo que la estrategia del PP hace aguas por todas partes, porque hacer suyo el lenguaje de los ultras lleva a un callejón sin salida, que podría resumirse en la elección entre el original y la copia o en el abrazo del oso, a gusto del consumidor.
En otro orden de cosas, convendría tener en cuenta que tenemos en nuestra región el índice más alto de pobreza infantil, sin excluir la de los adultos. El nivel de los salarios de los trabajadores tampoco es para presumir en el pódium de la cola.
Así concluiremos que un líder empresarial necesita tener un poco de criterio, pues de lo contrario puede confundirse con uno más del coro de grillos aduladores de ciertos cabecillas políticos. Partiendo de ahí, podemos hablar de comunismo, si es que tiene algo que decir.
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