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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Europa debe mirar a África

Europa se enfrenta al reto de retomar su enfoque africano, similar al del siglo XIX, para asegurar su posición en el reparto de influencias

El mundo al que nos conduce la ruptura del orden mundial de la postguerra es claramente multipolar, un planeta dividido en esferas de influencia, en el que los países más poderosos compiten entre ellos por los recursos y los mercados de terceros, básicamente de los que ahora llamamos Sur Global. La geografía ha sido siempre un factor muy influyente en la geopolítica, y la globalización no ha cambiado ese hecho. Al menos no del todo. De esa corriente multipolar y de la geografía se deducen muchas de las cosas que están pasando en el mundo actualmente. Está claro que Rusia y China estaban ya en ese juego. Lo sorprendente es que el promotor y primer beneficiario del orden de la postguerra, Estados Unidos, parece ahora el más interesado en destruirlo

Afortunadamente para los europeos, esa traición al orden de la postguerra no se produce con una Europa atomizada y con países enfrentados a muerte. Al menos hemos superado esa etapa con la Unión Europea de por medio. Es lamentable que tengamos una guerra del siglo XX en la Europa del siglo XXI, pero no hay la más mínima duda de que Ucrania sobrevivirá a la invasión rusa y se unirá a la gran familia europea occidental, constituida por decenas de pequeñas naciones y media docena de potencias medianas

Todo apunta a un reparto de los hinterland dominados por la geografía para asegurarse esos recursos y, de paso, esos mercados. China ha fagocitado literalmente a Rusia y ha reinventado y llevado hasta su máxima expresión el viejo concepto geopolítico de Eurasia. Su límite natural es el avispero de Oriente Medio, en el que Turquía, Arabia Saudí e Israel parten el bacalao. Por otra parte, Estados Unidos ha resucitado con más fuerza y descaro que nunca la vieja doctrina Monroe y se apresta a intervenir en todos los formatos posibles en los países del hemisferio americano.

En este contexto, los europeos no tenemos otra opción que volver al enfoque africano que dominó la política de las potencias del continente durante el siglo XIX y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial cuando sus energías colonizadoras se agotaron por la sangría bélica.

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