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Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN

La muerte de un librero

José Martínez, librero de los soportales de la Catedral de Murcia

José Martínez, librero de los soportales de la Catedral de Murcia / Juan Carlos Caval

Sempiterno. Casi siempre tras un pequeño y abigarrado mostrador, como lo es el conjunto del establecimiento. Cada día de la semana, incluso a veces los domingos, y a todas horas. En tan pocos metros cuadrados no pueden caber más libros, pero el cliente habitual sabe que hay un orden secreto, una lógica, y que no es difícil dar con lo que se busca si es que se busca algo concreto. Hay a veces que ponerse de canto para facilitar el tránsito por ese reducto. Desde hace poco tiempo la librería ha sido levemente ampliada añadiendo el espacio de otro comercio anexo que cerró, ganado territorio para la literatura infantil o para esas sagas que hacen furor ahora entre los más jóvenes, prolongando también los escaparates. Esa nueva estancia apenas la pisamos los veteranos, que sin embargo agradecemos que tal mercancía haya aliviado las estanterías que nos son más propicias.

Los escaparates. A veces da reparo solicitar algún libro visto en el escaparate por si tuvieran un solo ejemplar y hubieran de extraerlo de un original alambique en que unos tomos se estabilizan sobre los otros en vertical conformando una especie de castillo de naipes, con desprecio del uso de lejas, que sorprendentemente se sostiene como ladrillos sin argamasa. Hay tacos de libros sobre las mesas, unos títulos sobre otros, de modo que es preciso desentrañar el montón para descubrir los que se esconden. Y algunas estanterías contienen una doble fila que sorprende en la segunda con interesantes volúmenes de fondo a los que puedes recurrir si te quieres llevar algo y no te seducen las novedades. Es un pequeño caos en el que, curiosamente, está todo, y todo localizable.

Ha muerto el librero, ese hombre menudo tan amable, tan amante de los libros, y te invade la tristeza. Sin tener más trato que el trámite del despacho o de escucharle alguna recomendación, en esta hora se te figura una persona muy próxima, de algún modo querida. José Martínez abandona su pequeño paraíso de Los Soportales de la Catedral, librería decana de Murcia, que queda en manos de Maite (la viva imagen de su talante) y de José Clemente, sus hijos. Para su despedida no se me ocurre nada más oportuno que lanzar un viva a los libros, a los libreros y a las libreras.

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