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Opinión | Murcia D. F.

¿Cómo será la Murcia de 2125?

Una cápsula del tiempo en la exposición de Lidó Rico para que la abran los ciudadanos dentro de un siglo devuelve la mirada a los grandes retos que afronta este municipio

Mural de Lidó Rico en el Palacio del Almudí donde se alberga la ‘cápsula del tiempo’ que podrá abrise en 2125.

Mural de Lidó Rico en el Palacio del Almudí donde se alberga la ‘cápsula del tiempo’ que podrá abrise en 2125. / Juan Carlos Caval

Hay gente que quisiera ser inmortal para ver el mundo evolucionar y comprobar si los seres humanos han cambiado algo o siguen en la caverna como en la actualidad, un agujero que en el caso de Murcia está lleno de contaminación, de un transporte público tercermundista, de familias en situación de vulnerabilidad con recortes en servicios sociales y con mujeres acechadas por la violencia machista y sexual, por decir algo de una larga lista de asignaturas pendientes.

En estos momentos, Murcia encara la recta final de su aniversario 1200 referente a la fundación de la ciudad, una efeméride que ha pasado sin pena ni gloria tanto para los residentes en el municipio como para el resto de españoles sin ningún hito destacable. Quizá este año 2025 se recordará por el encendido del Gran Árbol navideño de la Plaza Circular con el protagonismo de los niños enfermos de cáncer y la presencia del actor norteamericano Richard Gere, que no pudo estar acompañado de su esposa, que tuvo que quedarse en Madrid al sufrir un percance uno de sus hijos menores.

Pese a esa falta de hechos relevantes, se ha producido uno que quedará para siempre en la ciudad. Se trata del mural que ha realizado Lidó Rico y que se encuentra en el Almudí (posteriormente será llevado a la Cárcel Vieja donde permanecerá para siempre), en el que intenta transmitir hacia el futuro el alma de la capital de la Región. En esa exposición el alcalde Ballesta introdujo una cápsula del tiempo para que los habitantes venideros de Murcia puedan comprender la idiosincrasia del presente.

Cómo será la Murcia en la que habitarán los ciudadanos en el año 2125. Si se tira de utopía se puede imaginar una ciudad que ha abrazado el ecologismo y la sostenibilidad con edificios verdes y energéticamente independientes y con ciudadanos concienciados con el transporte público y los vehículos de movilidad personal como los patinetes (podría haberlos incluso voladores) y bicis en las que se pueden montar varias personas.

La ciudad de los quince minutos

La Murcia cochista sería cosa del pasado y ya nadie utilizaría el vehículo privado para ir de barrio a barrio o para desplazamientos rutinarios como ir al trabajo. La ciudad de los 15 minutos estaría completamente desarrollada con un sistema público de transporte que combinaría bus, tranvía y metro. Ya no habría semáforos porque ya no serían necesarios con grandes zonas peatonales y túneles que habrían desterrado el tráfico en superficie. Incluso, se estarían construyendo edificios sin garajes para coches privados, dejando paso a aparcabicis y cabinas para los VMP.

También habría playas fluviales a lo largo del Segura e instalaciones deportivas para que jóvenes, adultos y mayores pudieran poner su cuerpo y su mente a punto. Por imaginar, la ciudad y las pedanías estarían integradas con vías verdes y pasillos amables que jalonarían las carreteras que ahora están llenas de contaminación y baches y que humanizarían los espacios públicos. Alguna se habría independizado, como El Palmar, para desarrollar su propio presente alejado de la metrópoli.

La ciudad, en ese hipotético 2125, sería feminista y la violencia contra las mujeres se habría quedado ya en el pasado. Tampoco sería ya campeona en salones de juegos y apuestas, locales que habrían sido sustituidos por bibliotecas interactivas con IA y con salones para que los adolescentes pudieran interaccionar lejos de las redes sociales, en los que se ahondara en la alfabetización digital que en ese año tendría nuevos desafíos con tecnología que en estos momentos ni siquiera soñamos. Habría grandes parques con espectaculares pulmones verdes y Murcia sería un verde desierto.

La ciudadanía podría conciliar sin problemas y la jornada laboral estaría adaptada a las necesidades de todos los tipos de familia. La Administración local también se habría modernizado con procedimientos sin barreras e inclusiva. La acción del Gobierno local que en ese momento gobernara en la Glorieta estaría encaminada a mantener esa armonía creada teniendo como base la sostenibilidad y el bienestar de las personas. Lástima que todo esto sea solo un sueño. Por nadie pase.

¿Tiranteces entre Ballesta y López Miras?

La visita de Richard Gere a la ciudad de Murcia ha tenido como protagonista a la Fundación Aladina, que hará en la Arrixaca un gimnasio para los niños con cáncer. Una visita que ha llevado consigo mucho trabajo, sobre todo, de la Comunidad Autónoma. Sin embargo, el que se pusiera el foco en la inauguración del Gran Árbol de Navidad de la Redonda opacó tan altruista proyecto. Esa circunstancia podría haber motivado cierta tirantez entre el alcalde de Murcia, José Ballesta, anfitrión del artista norteamericano, y el presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, lo que motivó una nota aclaratoria del Gobierno local de Murcia el sábado antes del encendido. De todas formas, a la gente lo único que le importa es el pan y circo y de eso saben mucho en la Glorieta.

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