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Opinión | Salud y rock and roll

El opio del pueblo

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. / Tatyana Skurikhina

Último domingo de noviembre; desde hace un mes los turrones están en el lineal. No sé cuánto tiempo llevo viendo ángeles gigantes y luces instaladas por toda la ciudad. El pasado sábado, 22 de noviembre, encendieron las luces, con 18 grados, y más de un mes por delante para que María y José lleguen a Belén. Se nos está yendo de las manos la anticipación; me pregunto: ¿Quién decide que cada año se adelante la venta de turrones, o colocar las luces en la ciudad...? Mientras camino por la calle, miro a los edificios; a través de las ventanas veo los árboles con sus lazos colocados y las luces encendidas. ¿Dónde quedó bajar al trastero el puente de la Constitución a desempolvar las bolas y el Belén? ¿Y ahora qué haréis esos días, si ya lo tenéis todo puesto? Nos reímos de Nicolás Maduro, que declara que es Navidad el 1 de octubre, pero poco nos falta aquí para ser Venezuela.

Todo empezó en Vigo; nos reíamos hace unos años con Abel Caballero y su ciudad llena de bombillas. Ahora ningún ayuntamiento se resiste a montar un gran sarao. Todos quieren el árbol más grande, el mayor espectáculo piromusical, la épica y, por qué no, hasta una estrella mundial de Hollywood. Sujetadme el cubata, Richard Gere enciende el árbol de Navidad en Murcia. Nunca me gustó Pretty Woman; de las pelis de principios de los 90 soy más de Uno de los nuestros. Como dice mi admirado y querido analista Javier Sánchez González: «Los alcaldes libran su propia batalla por el relato navideño». Por eso buscan más que encender luces, encender emociones.

Las luces navideñas son gestión simbólica de bienestar: «mira lo bien que vivimos aquí». ¡El mismísimo Richard Gere en la plaza Circular! Créanme que sirve para olvidar otros problemas, aunque no comparta en absoluto esta manera tan hortera de encender un puñado de hierros llamado árbol. Imagino que Karl Marx nunca fue consciente del juego que en el futuro nos daría su frase: «El opio del pueblo»; en este caso cambiamos religión por fanfarria y listo. También he leído mucho estos días «Pan y circo», acuñada en el año 100 d.C. por el poeta romano Juvenal. No hay mejor manera de mantener al pueblo tranquilo y dócil. Y lo peor, cómo el pueblo se conforma con estas distracciones.

Sin duda, estamos ante la sociedad más dormida y conformista. Lo único importante es que la construcción de un gimnasio pediátrico para pacientes oncológicos en un hospital de la ciudad de Murcia es la razón por la que Richard Gere ha visitado la ciudad. No le quito mérito al ayuntamiento al haber aprovechado la visita para ser el reclamo del encendido del árbol, que todos los años tiene gran expectación, pero que este año, ante la impensable visita del de Oficial y Caballero, ha congregado en la calle a mucha gente. No vi venir a Richard piropeando al alcalde y diciendo que todos somos criaturas de luz. Para luz, los 65 cañones que han encendido en el árbol con un alcance de dos kilómetros.

Ojalá hayamos lanzado algún mensaje para todo el universo. Yo, por mi parte, le pido piedad y variedad musical al que crea la playlist de villancicos que suenan por las calles de la ciudad para que la gente compre con alegría. Al menos que en mi calle no me torturen cada día con el burrito sabanero porque estamos a 29 de noviembre, no quiero imaginar qué será de mí el 7 de enero. Seas quien seas, ten piedad. Pero por si no teníamos suficiente con la masificación, el tráfico insufrible en el centro de la ciudad, los ríos de gente.

Las comidas de empresa de Navidad, que llevan desde hace dos semanas celebrándose, haciendo imposible improvisar un plan y salir a comer o a cenar sin más, ha llegado el Black Friday, que llevan anunciando semanas agotadoras. También han abierto un Decathlon enfrente de mi casa en pleno centro de la ciudad y vivo con miedo de acabar comprándome ropa que nunca utilizaré, como aquella vez que salí con un árbitro y me equipé para correr maratones. Lo que está claro es que no hay vuelta atrás, Mariah Carey ya está aquí, es mejor no resistirse mucho. No me pidan espíritu navideño, porque esto no va conmigo, a lo que sí me apunto es a empezar a beber desde ya. Ánimo.

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