Opinión | Allegro Agitato
Antonio Lauret y el Conservatorio de Cartagena
El destino quiso que sustituyera a un pianista enfermo y se dedicara a la música durante toda su vida, que acabó serenamente en 1989

Retrato a plumilla de Antonio Lauret. Pérez Antón, 1981. / L. O.
En el año que termina ha cumplido un siglo el Conservatorio de Música de Cartagena; por este motivo se le ha concedido la Medalla de Oro de su ciudad y también la de la Región de Murcia. Hoy les hablaré de su historia y de quien fue uno de los músicos más representativos de Cartagena, director de esta institución durante unos años complicados que marcaron el futuro del centro.
Antonio Lauret Navarro nació en Lorca, de familia de músicos. Su padre, Benito, guitarrista, contrabajista y pianista, se dedicaba a reparar y afinar pianos, como también haría su hijo. Antonio estudió piano con su padre y con el concertista lorquino Cristóbal García de las Bayonas. Llegó a Cartagena en 1921, con sólo 16 años y un objetivo profesional muy distinto: trabajar como contable en un banco. Sin embargo, sustituyó al pianista de un ballet ruso y, viendo que la remuneración era muy superior a la que recibiría en la banca, decidió dedicarse a la música. Había muchas oportunidades para músicos con talento y Lauret se convirtió en un pianista muy solicitado. Tocaba en los cafés y trabajó en el cine Sport, hoy Central, poniendo música al cine mudo.
Casi simultáneamente, siendo alcalde Alfonso Torres, una comisión del Ayuntamiento solicitó en 1925 la creación de una Escuela de Declamación y Conservatorio, cuyo primer director fue el poeta Miguel Pelayo. Tres años después se producía la inauguración oficial teniendo su primera sede en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. El centro contaba con asignaturas de música, incluyendo canto, declamación e, incluso, algunos alumnos practicaban esgrima.
El matrimonio de Antonio Lauret con Pepita Mediato en 1928 y el nacimiento de sus hijos Benito y Francisco motivaron la necesidad de asegurar un salario. Entró como profesor de música en el colegio más antiguo de Cartagena, el Patronato del Sagrado Corazón de Jesús, emplazado en un barrio humilde, donde impartiría clases durante casi medio siglo. Asimismo, en 1933 recibió el encargo de dirigir la orquesta del Teatro Circo que, con la intermitencia de la guerra, mantendría hasta el cierre del local en 1968.
La Guerra Civil fue casi tan desastrosa para la ciudad de Cartagena como la etapa de hambre y miseria de la Posguerra. Un decreto de 1942 estableció que el conservatorio solo pudiera impartir enseñanzas elementales de piano y de violín, eliminando las enseñanzas de declamación, y anuló la asignación presupuestaria municipal, incompatible con las ayudas estatales. Tal decisión trajo tiempos de penuria porque las subvenciones eran insuficientes para mantener el profesorado y la actividad docente.
Don Antonio, como era conocido, comenzó a dar clase en 1941 en la Escuela de Aprendices de Bazán, actual Navantia, empresa de la que dependía la Masa Coral Tomás Luis de Victoria, de la que sería director en la siguiente década. Compaginó estas labores con la dirección de zarzuelas. Creó su propia compañía, Locos por la Música, y dirigió numerosas funciones a beneficio de las cofradías de Semana Santa, especialmente dañadas durante la guerra. También realizó giras por todo España al frente de las compañías de José Tamayo y Antoñita Moreno. Antonio Lauret tenía una facilidad especial para acompañar a cantantes, entre los que podemos destacar, sin ninguna duda, al extraordinario barítono Marcos Redondo.
El conservatorio se trasladó en 1958 a la última planta del edificio donde se ubicaba la Escuela de Comercio. En esta época entró Antonio Lauret como profesor y en 1969 fue nombrado director sustituyendo a Francisco Aguilar, miembro del claustro desde su fundación. Yo tuve mi primer contacto con el centro cuando cumplía cincuenta años de existencia. Fueron unos tiempos heroicos, en los que el profesorado compaginaba las clases, que se impartían a medio día y los sábados por la mañana, con los trabajos con los que se ganaban la vida. Casi todos los alumnos estudiaban piano y yo fui el primero que, tras varios años, comenzó a estudiar violín con el profesor Juan Vera.
A principios de los 80 el conservatorio comenzó una lenta pero firme transición. A Lauret le sucedió Juan Lanzón, y a éste María de los Ángeles Bres, que ocupó el cargo durante un cuarto de siglo. Hoy disfrutamos de un centro oficial que imparte enseñanzas profesionales de música, dependiente totalmente de las administraciones públicas, con un profesorado con dedicación exclusiva y con unas instalaciones acorde a sus necesidades. Durante unos años fui profesor del mismo y pude apreciar un desarrollo que pocas décadas antes hubiera parecido impensable. En su centenario, dirigido por María José Castaño, el conservatorio ha recibido el reconocimiento oficial que merece el trabajo, la dedicación y el entusiasmo que tantas personas pusieron a lo largo de estos cien años de existencia.
El destino quiso que el joven Antonio Lauret sustituyera a un pianista enfermo y se dedicara a la música durante toda su vida, que acabó serenamente en 1989. Si los planes se hubieran cumplido y se hubiera dedicado a la banca, muy probablemente no hubiera recibido la Medalla de Plata de las Bellas Artes del Gobierno de España ni el Ayuntamiento de Cartagena le hubiera nombrado Hijo Adoptivo o hubiera puesto su nombre a una de sus calles. Puede que tampoco su hijo Benito (director de orquesta, violinista, compositor, profesor…) se hubiera convertido en el mejor músico de la historia de Cartagena ni que su nieto hubiera escrito estas líneas.
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