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Opinión | Escrito en el aire

Anatomía de otro instante

"Bueno, señores, concluyo, que tengo que poner la sentencia al fiscal general"

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, a su salida del Tribunal Supremo.

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, a su salida del Tribunal Supremo. / Diego Radamés - Europa Press

Tarde del martes 18 de noviembre. Andrés García Arrieta está terminando de impartir un curso en el Colegio de Abogados de Madrid. Arrieta es presidente del tribunal que está juzgando, en una causa más bien kafkiana, al fiscal general del Estado por supuesta revelación de secreto.

Una información que según los periodistas que la revelaron les había llegado por otras fuentes. Participan igualmente en el curso, que coincide con la deliberación sobre la sentencia, otros dos jueces del tribunal. Chirría que estos tres magistrados del Supremo se dejen contratar y pagar por el Colegio de Abogados de Madrid, pues es acusación en el juicio contra García Ortiz. De hecho, pide cuatro años de cárcel para él. Y ahora viene ese ‘instante’. Arrieta tiene prisa.

Y deja caer, poniendo cara de chiste: «Bueno, señores, concluyo, que tengo que poner la sentencia al fiscal general». Hay risas y aplausos en la sala. Anotop!... perdón. Anatomía de otro instante, podría ser el título de una serie sobre la causa contra el FGE, con aires berlanguianos. Dos días después vendrá la condena, cuya sentencia y argumentación seguimos esperando.

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