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Opinión | Noticias del Antropoceno

Aprender sin entender

Desde bien pequeño me ha gustado la literatura científica de divulgación. Junto con su versión novelada en forma de ficción narrativa más o menos basada en la ciencia, eran mis lecturas favoritas y las que consumían la mayor parte de mi tiempo de ocio. Tengo recuerdos muy especiales de los momentos que disfruté leyendo La biografía de la Física, de George Gamov, un libro prodigioso que me inoculó la vocación por esta disciplina de la ciencia, que inevitablemente se frustró cuando mis preocupaciones se hicieron religiosas y me volqué en las letras.

Aunque ya apenas leo literatura de ciencia ficción, sigo siendo muy aficionado a las películas del género (de hecho, ya apenas leo ficción de cualquier tipo) pero una gran parte de mi tiempo de lectura la dedico a libros científicos, siempre en versión divulgativa. Aun así, no le tengo miedo a enfrentar libros de ciencia pura y dura. Simplemente hace falta que el autor no se olvide que está dirigiéndose a aficionados, no a expertos en la materia. Y no es que haya progresado mucho en mi formación en matemáticas, física, química, biología o astrofísica. Solo que la pulsión de conocer por donde avanza la ciencia en estas materias, o profundizar en algunas de ellas, es suficiente para seguir leyendo hasta el final. Para conseguirlo adopto la misma actitud que con los idiomas que intento entender. Dependiendo del idioma, entiendo más o menos, pero me apasiona la música de cada lenguaje y capto el mensaje ayudado por lo que ocurre en la pantalla y lo que consigo traducir, que es bastante a estas alturas. Confieso que a veces es cansino y caigo en la tentación de poner los subtítulos cuando están disponibles.

Últimamente he descubierto que esa estrategia de disfrutar con la música y deducir la letra parcialmente, me sirve también para la ópera, a la que me estoy aficionando a marchas forzadas. Armado de paciencia, me espero a revivir el espectáculo (me compro las magníficas filmaciones del Metropolitan Opera de Nueva York en Apple TV) al menos tres veces para, más o menos, acabar de entender el argumento, descifrar las situaciones y, sobre todo, disfrutar de los pasajes musicales más impactantes.

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