Opinión | Tribuna libre
Adrián López Santos
Adictos a (casi) todo: la humanidad oculta tras el estigma de las adicciones
«Una cosa era cometer un error. Otra cosa era seguir cometiéndolo». Con estas palabras, Jodi Picoult nos recuerda una verdad incómoda: equivocarse es humano, pero persistir en el error es una elección que acabamos convirtiendo en costumbre. Y, oye, teniendo en cuenta que cualquier actividad normal que de placer o alivie el sufrimiento es susceptible de convertirse en una adicción, te pregunto: ¿nunca has acabado bebiendo un día de más para acallar lo que te preocupa?, ¿nunca has estado todo un día tirado en la cama viendo Instagram, o en el salón jugando a videojuegos, sintiéndote mal si no salías a hacer deporte todos los días?, ¿o has acabado calmando la ansiedad saliendo a comprar o comiendo sin hambre un día tras otro aun sabiendo que lo que estás haciendo no es lo correcto? Parece que existen infinidad de adicciones y ninguno estamos libres, porque, sí, el ser humano puede llegar a ser adicto a (casi) todo.
No seré yo quien se detenga a explicar qué es la dopamina, ni qué ocurre con su liberación excesiva en el cerebro, ni lo que son los círculos de recompensa, ni hablaré sobre la búsqueda desesperada de esa recompensa inmediata porque internet está lleno de información más o menos acertada. Yo vengo a hablaros de algo que no se encuentra en cualquier sitio, ni siquiera en la red. Vengo a hablar de Antonio, Luisa, Carlos, Julia… y que importa esto, son nombres inventados, escogidos al azar, para, una vez, más, preservar la identidad de quienes sufren también por el estigma.
Como becario que ha estado inmerso en el corazón de Proyecto Hombre, no quería dejar pasar la oportunidad de expresarme. Esta no es solo una reflexión profesional; es un grito del alma, un testimonio emocional de cómo he visto vidas rotas reconstruirse con lágrimas, risas y una resistencia que me ha cambiado para siempre.
En un tiempo pasado era yo —como periodista— quien hablaba, quien se expresaba, quien contaba lo que pasaba, quien daba voz a quienes lo necesitaban; ahora los roles se han tornado. Me ha tocado escuchar, diagnosticar, mirar e identificar, callar y tragar saliva, al mismo tiempo que analizaba todos y cada uno de los sentimientos y emociones que han recorrido durante este tiempo mi cuerpo.
Lo que descubrí al entrar a Proyecto Hombre Murcia fue algo mucho más profundo y humano. Personas como tú y como yo, con sueños truncados por el torbellino de una adicción. Un padre que anhelaba volver a abrazar a sus hijos sin el fantasma del alcohol; una joven profesional ahogada en el estrés que encontró refugio en sustancias que prometían paz pero entregaban cadenas. Ellos no son ‘adictos’ como etiqueta; son guerreros cotidianos luchando contra una enfermedad que la sociedad prefiere ignorar o juzgar. El estigma les susurra que son débiles, indignos, pero aquí, ese susurro se transforma en un coro de apoyo: «Eres fuerte, eres valioso, y mereces una segunda oportunidad». Me emociona pensar en cómo esta organización desarma esos prejuicios, recordándonos que la adicción no discrimina; podría tocar a cualquiera, incluso a nosotros. Porque, recuerda, tú tampoco puedes desprenderte del todo de todo lo que te hace mal. Aunque eres consciente, siempre hay algo que te ahoga, que te atormenta, y no entendemos muy bien por qué no sabemos o no queremos salir de ahí.
Detrás de todas estas paredes hay todo un equipo de profesionales que con sus programas ejercen de salvavidas lanzados al mar de la incertidumbre. En las terapias individuales y grupales, he presenciado confesiones que parten el alma, donde las lágrimas se convierten en puentes de empatía. Un usuario compartiendo su caída no para buscar lástima, sino para elevar a otros: «Si yo puedo levantarme, tú también». Aquí, los programas son como un abrazo prolongado, ofreciendo estructura en medio del caos: talleres de habilidades laborales que devuelven la confianza, actividades recreativas que reavivan la alegría perdida, y rutinas diarias que reconstruyen la autoestima ladrillo a ladrillo.
No olvidemos el apoyo familiar, esos círculos de amor donde padres, parejas e hijos aprenden a navegar con el dolor juntos, sin culpas ni reproches. Y para las adicciones comportamentales —el juego que devora ahorros, las pantallas que roban horas de vida— hay enfoques innovadores que restauran el equilibrio, recordándonos que no todas las cadenas son visibles. La prevención fluye a través de talleres sembrando semillas de resiliencia en la comunidad, mientras la reinserción laboral abre puertas a un futuro tangible. Cada actividad es un acto de fe en la humanidad, un recordatorio de que la recuperación no es lineal, pero es posible.
Lo que más me conmueve es el papel de los usuarios: no son pasivos espectadores de su propia vida, sino protagonistas fieros. Ayudan en las tareas diarias con una dedicación que inspira, lideran grupos de apoyo donde sus cicatrices se convierten en mapas para otros, y fomentan una comunidad donde el ‘yo’ se transforma en ‘nosotros’. He visto cómo un simple gesto de «lo estás haciendo bien» puede iluminar un rostro apagado, cómo la responsabilidad compartida cura heridas profundas. Ellos no solo reciben ayuda; la multiplican, creando un ciclo virtuoso de esperanza.
Y el ambiente... ¡Ah, el ambiente en Proyecto Hombre en Murcia es un bálsamo para el espíritu! Es un oasis de calidez en un mundo frío, donde psicólogos, educadores y voluntarios se convierten de alguna manera en una familia ampliada. La actitud de los usuarios me ha dejado sin palabras: llegan con ojos nublados por el miedo, pero pronto irradian una determinación que contagia. Sonrisas genuinas en medio de sesiones intensas, abrazos que dicen más que mil palabras, y una positividad que desafía cualquier pronóstico sombrío. Esto no lo saben, pero he llorado con ellos en los retrocesos, celebrado en los avances, y aprendido que la verdadera fuerza nace de la vulnerabilidad compartida.
En este artículo de opinión no pretendo ser un experto; solo un testigo que ha sido tocado por el espíritu de Proyecto Hombre. Si estás luchando o conoces a alguien que lo hace, no dejes que el estigma gane. Acércate, abre tu corazón, y descubre que detrás de cada adicción hay una historia de coraje esperando ser contada. Juntos, podemos crear un mundo donde la empatía eclipse al juicio, y la recuperación sea el final feliz que todos merecemos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Adiós a Lara Sanmartín, la corredora de la eterna sonrisa
- Los constructores presentan un recurso contra el desmantelamiento de Puerto Mayor: 'La obra es inviable económicamente
- El Málaga pide al juzgado que meta al Murcia en concurso de acreedores
- Dos avionetas abandonadas en el Aeropuerto de San Javier, a subasta desde 22.500 euros
- La Región de Murcia afronta un fin de semana con lluvias
- Leonor, una más en la Jura de Bandera de San Javier mientras continúa su aprendizaje con discreción
- De Murcia a Nueva York: el Entierro de la Sardina recorrerá en su 175 aniversario la Gran Manzana
- Los trabajadores de Amazon en Murcia intensifican la huelga a las puertas de la Navidad