Opinión | El blog del funcionario
Richard Gere en Murcia y las pedanías, ni actores secundarios
Las pedanías siguen siendo algo así como las hermanas bastardas de la capital

Richard Gere y Alejandra Silva. / L.O.
Una de las llamadas estrellas de Hollywood encenderá el árbol de Navidad en la capital de la región, seguro que por unos minutos Murcia será noticia en muchas televisiones públicas, y es que no siempre tenemos la suerte de que aquel multimillonario que se enamora de una prostituta (Julia Roberts) en Pretty Woman, o aquel guapo cadete que enamoró a miles de veinteañeras en Oficial y Caballero, el mismo Lanzarote que compartió plano con el rey Arturo (Sean Connery) encienda el Gran Árbol de Navidad, que iluminará las calles centrales de la capital. Eso sí, junto a nuestros verdaderos héroes de carne y hueso que luchan contra el cáncer a edades demasiado tempranas.
Pero mientras Gere pulsa el botón de encendido, las pedanías de la capital volverán a repartirse media docena de cajas de bombillas entre todas, más aún, ni tan siquiera el ayuntamiento enviará a ningún actor secundario a encender los árboles de Navidad de las pedanías de la capital.
Y es que las pedanías siguen siendo algo así como las hermanas bastardas de la capital.
Nunca verán acumulaciones de basura en la Gran Vía, tampoco árboles tirando flores amarillas que te joden el suelo, la ropa y el coche, no saldrán los propios vecinos a barrer sus aceras, y mucho menos encontrarán nunca a nadie en el Tontódromo o en la Redonda quejarse de que el tranvía le pilla demasiado lejos, por cierto, el tranvía en los fines de semana comienza a parecerse cada día más a esos trenes chinos o japoneses donde la gente entra a empujones, y ningún bache o una acera rota, dura en el centro más de 48 horas sin ser arreglada.
En las pedanías viven la mitad de la población de la capital, pagan sus impuestos como el resto, en cambio, sus instalaciones deportivas tienen demasiadas taras, el tráfico es insufrible, la planificación urbanística y vial baila entre lo penoso y lo esperpéntico, hay aceras y baches que ya forman parte de la cotidianidad del paisaje, hay puentes (Espinardo – Guadalupe) que siguen ahí, como una Espada de Damocles esperando su primera víctima, y eso no es culpa del pacto entre Vox y PSOE, sino única y exclusivamente incompetencia autonómica y local.
El nuevo plan de movilidad no servirá de nada mientras el tranvía no llega cada cinco minutos a El Palmar y la Arrixaca.
Los pedáneos siguen intentando apagar incendios con una regadera, tapar agujeros con una azada y un capazo suyo, los hay que se cogen su propio coche, sus tijeras de podar y jugándose la vida, se ponen a quitar ramas que inundan aceras.
Ahora, cuando aparezcan por las pedanías de la capital los responsables municipales, para hacerse fotos con la media docena de bombillas o con un raquítico mercado casero, sería bueno que los pedáneos les pidieran que ya está bien de ser esa hermana bastarda que la nobleza no quiere reconocer.
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