Opinión | La Feliz Gobernación
Ahí os quedáis
Siempre sobra alguien, de modo que todo intento de recomposición conlleva un desagüe sin que sean perceptibles las novedosas cañerías de abastecimiento

Diego Conesa felicita a Francisco Lucas tras su victoria en las primarias del PSRM-PSOE. / Israel Sánchez
Cada cambio, una pérdida. Cada crisis, una contracción. Cada nueva reformulación, un estrechamiento. En el PSOE murciano no hay entradas que suplan las salidas. Siempre sobra alguien, de modo que todo intento de recomposición conlleva un desagüe sin que sean perceptibles las novedosas cañerías de abastecimiento.
Diego Conesa declara que se retira definitivamente a sus asuntos, que no lo busquen, que no está ni hay que esperarlo. Adiós. Perdió las primarias a la secretaría general por los pelos, y aglutinó a un buen número de líderes locales, la mayoría de los cuales han quedado huérfanos, pues la nueva dirección se les manifiesta poco acogedora o solo de palabra, sin gestos efectivos.
En Princesa recelaban sobre sus intenciones de volver a intentarlo en las futuras primarias para la candidatura a la presidencia de la Comunidad, y más porque los rescoldos de su apuesta no han desaparecido de manera evidente. En ese ambiente, unos se dirigían a él para alimentar la alternativa, y otros seguían tratando de desacreditarlo con la munición averiada que ya usaron durante las anteriores primarias. Y, además, ya no está Santos Cerdán, el valedor de Francisco Lucas como sucesor autorizado de Pepe Vélez, por lo que tal vez Ferraz se mostrara más flexible en caso de pugna. Cálculos, cálculos y más cálculos. No tanto, tal vez, del propio Conesa, como de sus partidarios y adversarios. Así que ha dicho basta. Que lo dejen en paz los unos y los otros. Olvidadme, por favor.
Pero se diga lo que se diga, su marcha supone una pérdida. Ha sido el único líder socialista en décadas que ganó unas elecciones, circunstancia que establece un marco simbólico cuando se ve en la necesidad de tomar la puerta. La historia local del PSOE es una historia de desmenuzamientos, trituraciones y relegamientos. La consecuencia es el achique, la complacencia bonsái, la fe en la caída de la breva. Las defecciones no van seguidas de ensanchamientos, son solo acomodos para quienes se quedan. Y esto en tiempos en que no está la cosa para promover desperdicios. Parece un determinismo.
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