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Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN

Qué escándalo, aquí se juega

Félix Bolaños,  ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes del Gobierno de España

Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes del Gobierno de España / ZIPI

«Qué escándalo, aquí se juega», dijo el capitán Renault antes de meterse en el bolsillo la comisión por permitir que permaneciera abierto el local que se disponía a cerrar. Qué escándalo, la Justicia está politizada, dicen quienes no muestran conformidad con el fallo del juicio que ha condenado al fiscal general, pasando por alto que el fiscal general, el saliente o cualquier otro, anterior o posterior, es la figura judicial más evidentemente politizada, pues lo nombra el Gobierno de turno, al que se debe y defiende en cualquier circunstancia.

Intelectuales progresistas, entre ellos incluso quienes parecen gozar de un espíritu crítico menos unidireccional en otros asuntos, han puesto el grito en el cielo, pero no miran al cielo, donde está luna, sino al dedo que la señala, sumándose así al corro de la patata que rebaja al conformismo del mero partidismo una anomalía sobre la que tocaría exigir una reforma profunda, muy distinta a la que promueve Bolaños, que liquidara la fórmula de las cuotas políticas en el sistema judicial.

El Gobierno, que junto a toda la oposición, es responsable de la politización partidista de la Justicia, se lamenta de las investigaciones y los fallos que le son adversos cuando los jueces o los tribunales no parecen ser de su cuerda y clama contra una politización de la que es plenamente responsable, empezando por la Fiscalía («¿de quién depende la Fiscalía?» se preguntaba retóricamente Pedro Sánchez, y se respondía: «Pues eso»). ¿Y dónde se invierte respecto al Supremo la mayoría de los jueces que resuelven los grandes casos que afectan a los políticos? En el Constitucional, de ahí que hasta el presidente del Gobierno haya apelado al recurso a esta instancia como tabla de salvación para resolver a su gusto el caso del fiscal general. Nadie repara en que las dos juezas que expresan votos particulares exculparon a Griñán del caso de los eres andaluces, lo que según los criterios que manejan en Moncloa, reproduce coherencia; sin embargo, en la parte de los ‘jueces fascistas’ hay dos que en su día condenaron al PP por la Gürtel y a Urdangarin por lo suyo. Entonces no eran fascistas. Qué escándalo, hemos politizado la Justicia, pero poco.

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