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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Magrear a la presidenta

Claudia Sheinbaum, presidenta de México

Claudia Sheinbaum, presidenta de México / Mario Guzmán / EFE

Si por algo se ha distinguido hasta ahora la presidente de Méjico, Claudia Sheinbaum, es por su enorme discreción, rayana en la incomparecencia. Por lo que sabemos, ha sabido lidiar con mano izquierda con el grosero matón que dirige actualmente el imperio del Norte. De momento, la afectación de los aranceles de Trump a Méjico ha tenido un efecto moderado, aunque no sabemos a ciencia cierta lo que pasará en el futuro. La presidenta, que pareció al principio una marioneta del inefable ALO, su predecesor, reaccionó con prontitud a las amenazas del presidente norteamericano de enviar fuerzas militares al interior de Méjico para combatir al narco, enviando a su vez 10.000 militares a la frontera con EEUU para ayudar al control migratorio.

Pero ha habido un hecho esta semana, retransmitido por televisión a todo el mundo, que evidencia su temperamento gélido pero que ha aupado su popularidad hasta límites estratosféricos. Se trata del momento en que un individuo del público la aborda por detrás y empieza a manosearla, sin que ella, ni su paralizado séquito de seguridad, reaccione inicialmente. A partir de ese lamentable incidente, cuyo causante fue un ciudadano con una cogorza de campeonato, la presidenta ha sido capaz de elaborar un relato político coherente, identificándose con la multitud de mujeres en Méjico que sufren acosos similares. Está explotando su indiscutible posición de víctima para identificarse con todas las mujeres que sufren el machismo rampante del país, cuyas cifras de feminicidios hacen parecer las que sufrimos en España como un juego de niños. La presidenta está usando la notoriedad alcanzada por el suceso para animar a las mujeres a denunciar este tipo de incidentes, algo que sucede escasamente en Méjico.

Sheinbaum llegó al poder con un programa continuista con el de su predecesor en todos los sentidos, empezando por socavar el entramado institucional democrático del país para favorecer a su partido. Al margen de eso, su Gobierno ha reforzado las medidas de lucha contra el narco y ha manejado la economía sin caer en tentaciones populistas. Méjico es un gran país, y se merece una gran presidenta. Veremos si el tiempo otorga este papel a la achuchada Claudia.

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