Opinión | Pulso político
El nuevo acuerdo comercial con Marruecos
La última canallada de la UE contra los agricultores españoles ha sido ampliar el acuerdo Euromediterráneo de vecindad a los productos del Sáhara Occidental

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, / L. O.
Con cierta frecuencia en el parlamento nacional y en los autonómicos se pone en cuestión la política de acuerdos comerciales de la UE que permiten hacer competencia desleal contra la agricultura española.
Marruecos, de la misma forma que no admite la devolución de menores, tampoco admite la reciprocidad, ni las cláusulas espejo, ni respeta las normas laborales, higiénicas o ambientales de la UE. Incluso las jaulas para la crianza de gallinas, prohibidas en Europa, son usadas en Marruecos sin escrúpulos de bienestar animal.
Marruecos ha venido haciendo una política de influencia con sobornos a las autoridades europeas con excelentes resultados y cuenta con agentes al servicio de sus intereses con familiares y convictos de partidos promarroquíes españoles, singularmente el PP y PSOE. La última canallada de la UE contra los agricultores españoles ha sido ampliar el acuerdo Euromediterráneo de vecindad a los productos del Sáhara Occidental.
Es por tanto necesaria una moción de denuncia, repulsa y rechazo del acuerdo de Bruselas con Marruecos, que se ha saltado las sentencias del Tribunal del Justicia de la UE en contra de la entrada masiva de productos agrícolas del Sáhara Occidental bajo etiqueta marroquí.
La relación con Marruecos siempre ha sido de «alto potencial conflictivo». Hasta ahora hemos visto asaltos a nuestra frontera, productos agrícolas infectados, ausencia de controles fronterizos, peticiones de disculpas por el Protectorado español en el norte de África, dejaciones en nuestra zona exclusiva en las aguas territoriales, amenazas de expansión del «califato» a Canarias y Andalucía, y otras claudicaciones que preludian un futuro de inseguridad y conflicto de consecuencias imprevisibles.
Y ahora tenemos el canje de notas, de 3 de octubre de 2025, entre la UE y Marruecos cuyo primer punto dice: «Los productos del Sáhara Occidental bajo control de Marruecos se beneficiarán de las mismas preferencias comerciales que las concedidas por la UE a los productos marroquíes cubiertos por el Acuerdo de Asociación». Y seguidamente dice que la UE «concede a las autoridades marroquíes el poder de emitir certificados de conformidad, para que las frutas y hortalizas se etiqueten indicando el lugar de origen».
También incluye un punto sobre la Sentencia del TJUE, donde afirma que la Justicia Europea ya no tiene que preocuparse por los derechos del pueblo saharaui. Y ello porque la UE aportará una ventaja sustancial y verificable consistente en la financiación de los sectores clave: suministro de agua, modernización del regadío, energía fotovoltaica, lucha contra la desertización e instalaciones de desalación. Además, se reforzará la ayuda humanitaria en los asentamientos de Tinduf con programas de educación, cultura y capacidades.
El acuerdo de asociación con Marruecos se basa en los falsos postulados de la Agenda 2030, que quiere construir un mundo sin fronteras de inspiración masónica que destruya los fundamentos de la civilización occidental. Y también se basa en las mentiras de los propagandistas del gran reemplazo demográfico que afirman que la emigración masiva se frena con inversiones multimillonarias para el desarro del norte de África, de tal manera que su población no se desplace a Europa.
Frente a estas afirmaciones del bipartidismo la evidencia muestra todo lo contrario: a mayor inversión en Marruecos mayor es la invasión migratoria y la invasión de productos agrícolas que no se controlan ni en la frontera ni en el supermercado. Los efectos de la llegada de pateras se notan con la criminalidad en nuestras calles y la invasión de productos agrícolas sólo da la cara con la sucesión interminable de alertas sanitarias.
Las dos calamidades nos hablan de una política fracasada que es necesario dar por terminada con un giro de orientación patriótica que oriente el nuevo renacer de Europa. Remigración, reconquista, y prioridad nacional para nuestros productos agrícolas son las consignas políticas que muy pronto van a resonar con fuerza en toda Europa.
Si hacemos memoria histórica nuestra misión es identificar a los intermediarios que funcionan hoy como los traidores del año 711, fecha de la invasión islámica de España. Esos instigadores facilitaron la entrada del moro Muza, sometiéndonos a una dominación aborrecible, con 800 años de combate hasta devolvernos la alegría de pertenecer a la Cristiandad y a la civilización occidental.
Lamentablemente, en el parlamento de la Región de Murcia, se ha producido una votación contra el nuevo acuerdo comercial de la UE con Marruecos sin incluir expresamente la condena contra la ampliación a las frutas y verduras del Sáhara Occidental. El Partido Popular tendrá que explicar por qué no ha aceptado la propuesta de Vox para que esa condena específica sirva de ejemplo a lo que deben hacer otros parlamentos en las Comunidades Autónomas.
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