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Opinión | El retrovisor

Cuando llegó el destape

Andrés Pajares quedó impresionado ante un desinhibida Sara Mora en 'Los energéticos' de 1979, cuando se ducha desnuda con total naturalidad

Lola Flores paseando por la Ronda Norte de Murcia, 1971.

Lola Flores paseando por la Ronda Norte de Murcia, 1971. / Archivo TLM

El bolígrafo Bic fue todo un invento que vino a ayudar a los censores de una época que tocaba a su fin. Las plumillas y tinteros fueron sustituidos por el práctico invento de Ladislao Biró, que permitía tapar escotes incómodos en las publicaciones de aquellos años de moral exacerbada. La censura consumió litros de tinta disimulando los pronunciados escotes de Sarita Montiel en su exitosa película, El último cuplé, que se proyectó durante 105 días consecutivos, estrenada en el murciano cine Rex. La calificación moral de las películas en la puerta de las iglesias parroquiales tocaba a su fin. Tras la muerte de Franco y los gobiernos de Carlos Arias Navarro, el cine de ‘Arte y Ensayo’ fue el preludio de la apertura por llegar, pues una corriente de cambio invadió aquella España de 1978. La presidencia de Adolfo Suárez, en un primer momento, ante la creciente demanda de libertades, juzgó menos arriesgado abrir la mano en la tolerancia exhibicionista de esbeltos cuerpos femeninos, que abrirla en lo político; eso, llegaría meses después.

La apertura puso fin a los viajes a Perpiñán para ver películas verdes. El cine, las publicaciones e incluso la televisión se dejaron arrastrar por las nuevas corrientes aperturistas. De los simples posados para almanaques, se pasó a la entronización de lo 'verde'.

Mirar una cartelera cinematográfica o las portadas de las revistas en cualquier quiosco, nos dejaba con el interrogante de si uno vivía en el mismo país que hacía unos meses, cuando España se definía como la reserva espiritual de Occidente.

El término 'destape', atribuido al periodista Ángel Casas, encontró sus últimas consecuencias con el primer desnudo integral del cine español, el de Alicia Sánchez, en Furtivos, aunque esta primicia se la disputara con María José Cantudo en su aparición en La Trastienda. Ana Belén se limitó a mostrar sus pechos ante un espejo, en la misma cinta de Jorge Grau, en febrero de 1976.

Andrés Pajares quedó impresionado ante un desinhibida Sara Mora en Los energéticos de 1979, cuando se ducha desnuda con total naturalidad. Susana y Blanca Estrada, Adriana Vega, Victoria Vera, Nadiuska, Bárbara Rey, Ágata Lys, Nadiuska, Victoria Abril, entre otras, serían consideradas «musas» del destape. Una temática y unos guiones en los que el director Mariano Ozores, junto al citado Andrés Pajares, Fernando Esteso, Antonio Ozores o Juanito Navarro consiguieron éxitos notables de taquilla con sus películas de humor picante en los que no faltaban los desnudos, vinieran a cuento o no.

El destape también llegó a las ediciones escritas, apareciendo nuevas publicaciones con chicas ligeras de ropa: El Papus, Lib, Clímax, la edición española de PlayBoy o de la francesa Lui hacían ostentación de su temática erótica, en dura competencia con cientos de nuevas publicaciones. Un caso aparte y sin lugar a dudas, en cuanto a su éxito, debido a su contenido sociopolítico y a sus llamativas portadas sería la revista Interviú, en la que hay que destacar su número 383, publicado en el verano de 1983, con la portada de Lola Flores en topless, con fotos captadas en la piscina de su finca ‘Los Gitanillos’. «No me duele que se haya quitado el sostén, sino que se haya quitado el Lazo de Dama de Isabel la Católica», llegó a decir Paco Umbral tras ver a ‘La Faraona’ como Dios la trajo al mundo. Un millón de ejemplares de Interviú llegaron a venderse de aquel número de la revista.

En nuestras playas cohabitaban el topless y los diminutos tangas de señoritas liberadas con los más severos atuendos de señoras que vestían el tradicional luto hispánico. Todo había cambiado en poco tiempo, fue cuando la sexualidad dejó de ser un tabú.

España se desnudó en aquellos años de la primeriza transición a la democracia. Prueba de ello fueron la palabras que Enrique Tierno Galván, entonces alcalde de Madrid y en presencia de Adolfo Suárez, pronunció, haciendo gala de extrema formalidad, a la actriz del destape Susana Estrada, al presentares en un acto oficial, mostrando uno de sus pechos desnudo: «Señorita, cúbrase que se va a enfriar...».

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