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Opinión | El prisma

El fiasco de las ayudas para alquiler joven | El timo de la subvención

Han rellenado todas las casillas correctamente, han aportado los documentos que se exigen, pero se quedan igual que los que no han recorrido ese camino: sin un duro

Cartel de 'Se alquila'.

Cartel de 'Se alquila'. / L. O.

Los solicitantes de ayudas públicas se enfrentan a la frustración de ver su petición rechazada cuando el único motivo aducido es la falta de fondos suficientes para atender a todos los interesados. Como sabe bien cualquiera que se haya enfrentado a la maquinaria burocrática, cumplimentar los formularios y presentar la numerosa documentación prevista en cada convocatoria es una prueba de obstáculos que exige mucho tiempo y, en no pocos casos, también un desembolso de dinero, porque no todos los documentos dependen del ciudadano particular.

Las ayudas a los jóvenes para alquiler de vivienda han sido un fiasco debido a la abultada proporción de solicitudes rechazadas por falta de fondos. «Si lo llego a saber...», han pensado muchos de los solicitantes que esperaban ese dinero y, en su lugar, han recibido un oficio informándoles de que lo han hecho todo bien, han rellenado todas las casillas correctamente, han aportado los documentos que se exigen, pero se quedan igual que los que no han recorrido ese camino: sin un duro.

Murcia es una comunidad autónoma en la ruina que solo cuenta con recursos para mantener a flote los servicios más esenciales. Desde esa perspectiva es evidente que, en la mayoría de los casos, las convocatorias de subvenciones no van a poder atender a todos los solicitantes. Otras regiones mejor financiadas no tienen ese problema y reparten el maná del dinero público con mucha mayor alegría, con todo lo que eso lleva consigo en términos de popularidad electoral. Por eso, los reproches de la ministra de Vivienda a López Miras poniendo como ejemplo de gestión a esas otras regiones encierra una trampa metodológica, puesto que no es lo mismo gestionar la penuria levantina que la abundancia gallega, catalana o vasca.

En todo caso, dado que el bono de alquiler procede de fondos estatales, los requisitos para su concesión deberían ser iguales en todo el territorio nacional. Por eso sorprende que en unos sitios estas ayudas se tramiten con celeridad y en otros, como Murcia, se conviertan en un nuevo trabajo de Hércules.

Pero si las ayudas del Estado transferidas a las comunidades autónomas son un maremágnum de exigencias y procedimientos, las que provienen de la Unión Europea a través de los fondos Next Generation necesitan un doctorado para poder ser cumplimentadas en tiempo y forma. Al final, se necesitan años para diligenciar las convocatorias en perjuicio de los solicitantes, que con una inocencia que llama a la ternura, cuentan con recibir el dinero solicitado en cuestión de unos pocos meses.

Todo se resolvería si se acabara con la cultura de la subvención. Porque, además, es un instrumento innecesario que solo beneficia a los políticos, que de esa manera alimentan y amplían sus redes clientelares. En lugar de repartir el dinero público deberían recurrir a las exenciones fiscales, de manera que los sectores a los que se quiera ayudar vean reducida su aportación a las arcas del Estado. Pero es que, entonces, los políticos tendrían menos dinero para gestionar, de manera que prefieren meter la mano en el bolsillo de todos los ciudadanos para meter parte de ese dinero en el bolsillo de los grupos escogidos.

Es bueno que los jóvenes puedan acceder al mercado de la vivienda para comenzar una vida independiente, pero, para eso, en realidad, no necesitan que los políticos les den unas ayudas que, en realidad, no llegan a casi nadie. Con eximirles de pagar impuestos los primeros años sería más que suficiente.

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