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Opinión | Noticias del Antropoceno

Quitarse un peso de encima

La popularización de los medicamentos para adelgazar sigue imparable. Sirven para controlar el apetito, anticipar la sensación de saciedad y, en un alarde de eficacia, facilitar la digestión. Ozempic, el medicamento pionero, está basado en un principio activo conocido como semaglutida. Salió al mercado hace cuatro años y, desde entonces, su impacto no ha dejado de crecer. El fármaco ha supuesto miles de millones de facturación para Novo Nordisk, el laboratorio danés que lo desarrolló. Hasta tal punto llega el volumen de negocio, que el Estado danés publica desde hace algunos años cuentas separadas de la economía general y de la parte del PIB que genera la farmacéutica. Para su desgracia, Eli Lilly, una farmacéutica norteamericana, también patentó su propio medicamento, en este caso basado en la tirzepatida, otro principio activo con similares efectos a la hora de imitar a determinadas hormonas humanas que provocan la sensación de plenitud al comer. Al margen de esto, el milagro farmacéutico es imparable. Los laboratorios en India se aprestan a inundar los mercados con versiones genéricas de estos medicamentos.

Su fama se debe en gran medida a la publicidad gratuita por sus efectos en celebridades como Elon Musk, Kim Kardashian y Oprah Winfrey. Esta última no tuvo empacho en presumir de su nueva figura y atribuir el mérito a Mounjaro, el medicamento de Lilly. A estos tres podría unirse una larga lista de actores y actrices cuyo proceso brutal de adelgazamiento se nos muestra en el cine o en la televisión. Pero más allá de las figuras públicas, la realidad es que los nuevos medicamentos para adelgazar han cambiado la percepción que se tenía sobre la obesidad y sus dolencias derivadas. De ser casi una maldición del carácter (de la que sorprendentemente las víctimas eran culpabilizadas y se sentían culpables) ha pasado a ser una enfermedad fácilmente tratable.

Muchos países se plantean ahora prescribir estos medicamentos a personas con sobrepeso en sus sistemas de sanidad pública. Simplemente es mucho más barato eso que asumir el coste de tratar la hipertensión, los infartos, los ictus y la diabetes tipo 2 en personas con grave sobrepeso.

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