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Opinión | La Feliz Gobernación

El culo de Franco

Aquella expresión de radical rebelión popular contra el franquismo sería ahora considerada como cosa facha

Portadas en España tras la muerte de Franco.

Portadas en España tras la muerte de Franco. / L. O.

En mis primeros años de adolescencia, cuando todavía no había conectado con ese mundo que está más allá del descubrimiento del propio cuerpo, escuchaba en las sobremesas de las celebraciones familiares o vecinales una crítica feroz a Franco, que era quien gobernaba, aun ilegítimamente, por entonces. Decían algunas voces, a veces canturreando, casi siempre en sordina, y habitualmente subrayadas con un chistsss general entre sonrisas que advertía sobre la inconveniencia del atrevimiento:

Franco, Franco, / que tiene el culo blanco / porque su mujer / se lo lava con Ariel.

Tengo este cuarteto como la más grave crítica a aquel régimen, desde luego no superada por consigna política alguna desde cualquier estamento de oposición, pues surgía del sentir popular y adornada con el perfecto veneno contra cualquier tipo de poder: el descaro de la ironía.

Pero recuperada hoy, es fácil darse cuenta de su incorrección desde el punto de vista de cierto segmento de la actual izquierda. En primer lugar, se alude a un órgano sexual, pues el culo, se quiera o no, aparte de otras funcionalidades, es y seguirá siendo el centro de atracción de la rijosidad de los primates. Y toda crítica política que introduzca en su discurso los órganos sexuales se descalifica a sí misma, pues los debates deben referirse a las ideas, producto del intelecto, nunca a las protuberancias corporales, y menos si tienen connotaciones de práctica común en sectores no normativos.

Más fuera de lugar es la sugerencia de que la mujer de Franco le lavara el culo a su marido, pues esto es signo de la cosificación femenina que atribuye a esa parte de la población tareas subsidiarias consustanciales en cuanto a los cuidados. Doña Carmen Polo, la Collares, sería todo lo rancia que se le deduce, pero a la vez, como mujer, no habría de ser estigmatizada por distinciones de género propias del heteropatriarcado.

En cuanto a la mención en el ripio de una marca de detergentes, Ariel, podemos concluir que se trata de una concesión publicitaria a una empresa capitalista, lo cual entra en contradicción con la crítica a un régimen que auspiciaba los privilegios económicos de clase.

Aquella expresión de radical rebelión popular contra el franquismo sería ahora considerada como cosa facha. Un canto peligroso, hoy como ayer.

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