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Opinión | La Feliz Gobernación

López Miras se queda solo

El presidente regional, Fernando López Miras

El presidente regional, Fernando López Miras / Loyola Pérez de Villegas

Tiene mala pata que los dos cargos institucionales más importantes del PP que asistieron a la primera toma de posesión de Fernando López Miras como presidente de la Comunidad Autónoma, los presidentes de las Diputaciones de Alicante y de Almería, estén hoy pasando el calvario por méritos propios. Lo de Carlos Mazón no precisa de muchas explicaciones, pero ayer tuvimos noticias de la detención por la UCO del otro, Javier Aureliano García Molina, por un caso de presuntas comisiones en la compra de mascarillas cuando lo de la pandemia. Ahí va la pregunta: Fernando ¿con quién te juntas?

Estos tres políticos, por afinidad generacional, cercanía territorial y una parte común en sus agendas habían constituido un natural frente político, no declarado, pero de vez en cuando evidenciado en cumbres o encuentros. Al principio, la alianza se establecía porque tanto Mazón como García Molina, desde su resistente parcela de poder en territorios con Gobiernos autonómicos adversos, se amparaban en el liderazgo indomable de su partido en Murcia, y después ya en condiciones de igualdad por el triunfo del PP tanto en la Comunidad Valenciana como en Andalucía.

Pero algo se ha torcido. El eje, no solo político sino también personal, está hoy engolitado. Otros vendrán para recomponerlo, pero tal vez falte la química personal que hasta ahora era un factor añadido a las coincidencias de intereses comunes. Que la incompetencia en la gestión de catástrofes, caso de Mazón, o la presunta venalidad del almeriense García Molina adornen la excepción de López Miras, que no ha incurrido en una cosa u otra, no significa un plus, sino una consecuencia de normalidad.

La política es un territorio peligroso, y quienes no se manejan con precación acaban sucumbiendo, por mucho que se resistan amparados en los resortes del poder. Aviso a navegantes. La entente Alicante-Murcia-Almería, una franja que un día pudo ser Región de Levante está al día de hoy trastornada por las convulsiones en la primera y la última. Por una vez, Murcia no es piedra de escándalo. Tampoco es para felicitarse.

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