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Opinión | Noticias del Antropoceno

"Mi empresa me la suda"

Eso es lo que opinan casi el 80% de trabajadores de este país con relación a la empresa que les paga la nómina cada mes. Como empleador yo mismo, me apena el dato, que es el más extremo de todos los países que integran la OCDE, un organismo que dedica enormes recursos a estudios comparativos sobre las economías de sus países miembros. Tampoco hay que ser un lince para detectar ese fenómeno a nivel general, que se pone en evidencia mediante las descabelladas cifras de absentismo laboral en nuestro país. Se suele decir (y yo me adhiero al criterio general) que España es el mejor país del mundo para vivir. Probablemente, ese desapego con la empresa que te emplea forme parte de una visión realista de la vida, en la que el trabajo no deja de ser una condena molesta a un esfuerzo meramente alimenticio.

Como todo joven emprendedor (recibí el premio al Joven Empresario del Año de Cartagena allá por el año 1987) mis primeros años estuvieron impregnados del afán de establecer una fuerte camaradería personal con mis empleados. A una agencia de publicidad le sienta bien, pensaba yo, un clima de trabajo relajado. Al fin y al cabo, trabajas para producir ideas triviales que conecten con la gente y la motiven a comprar. Todo fue muy bien, hasta que los problemas económicos motivados por una de las crisis periódicas que sufre nuestra economía provocó un enfrentamiento con los socios a los que yo había dado entrada en el capital de la empresa para retenerlos a mi lado. La fiesta se acabó y empezaron las malas caras.

Tuve que empezar de nuevo, esta vez asociado simplemente a mi mujer, y con un nuevo equipo de trabajadores. En esta nueva etapa me prometí, y lo cumplo a rajatabla, mantener unas relaciones cordiales en un clima amable de trabajo, pero sin pretender que los empleados me agradezcan nada ni me consideren su amigo. A veces es duro, pero mantener cierta distancia facilita mucho las cosas. Mi empresa no necesita que sus empleados se identifiquen con ella. Solo necesita de un trabajo bien realizado en el horario convenido sectorialmente y a cambio de un salario razonable. n

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