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Opinión | MURCIA D. F.

Ser pedáneo: ni pagado ni agradecido

La figura del pedáneo siempre ha sido considerada como de segunda categoría tanto por los partidos como por las administraciones locales. Pocas veces se les ha implicado en la gestión municipal de manera directa y tampoco se les ha consultado para hacer grandes proyectos para vertebrar el municipio cualquier que fuera la naturaleza de la iniciativa. Ejemplos hay a decenas: ahí está el PMUS (Plan de Movilidad) que ni siquiera contempla actuaciones en pedanías de gran tamaño, los crecimientos urbanísticos (lejos de consultarse con ellos se deja en manos de promotoras y empresas privadas), ordenanzas municipales, megacontratos o simplemente para hacer obras de ciudad que generen sinergias con los pueblos.

Ser pedáneo: ni pagado ni agradecido | L. O.

Ser pedáneo: ni pagado ni agradecido | L. O.

Mientras los gobiernos locales hacen lo propio: mirar sus propios intereses y actuar con criterios de partida en muchas ocasiones, ellos se baten el cobre con la población cada día más exigente por la gran cantidad de carencias que tienen distintos núcleos de población. Para ellos no hay ni festivos ni fines de semana y tienen que lidiar con distintos obstáculos burocráticos, funcionariales y presupuestarios.

Por si fuera poco, tampoco les asignan en los presupuestos ese 8% que fue ganado en el Tribunal Supremo por el que fuera pedáneo de Sucina José Mercader. Lejos queda ya esa sentencia que puso encima de la mesa la infrafinanciación de las juntas municipales y el papel secundario que protagonizan dentro de las decisiones del Ayuntamiento. No se ha avanzado prácticamente nada desde que se constituyeron esta especie de ‘miniayuntamientos’ en los pueblos de Murcia en cuanto a competencias y presupuesto.

En los últimos años todo ha parecido funcionar por inercia y en estos momentos, estos pedáneos viven sus horas más bajas. Sus protestas han llegado incluso al alcalde, José Ballesta, que ha decidido poner más personal para atender Descentralización, el departamento que está al servicio de los pueblos. Sin embargo, el malestar es muy profundo y en privado han llegado a amagar, en algunos casos, con la dimisión por presiones y críticas de sus vecinos. Hay uno especialmente que está recibiendo insultos y ataques furibundos por parte de sus conciudadanos y está a punto de estallar.

También han pedido, en petit comité, la dimisión del actual concejal de Pedanías, Marco Antonio Fernández, a quien responsabilizan de la errática gestión municipal que, incluso ha tenido como resultado la muerte de un ciclista en la antigua carretera de Alicante. Un accidente con mala suerte que tuvo como protagonista un bache que llevaba mucho tiempo siendo objeto de petición de la junta municipal para su arreglo. Un hecho que nunca se produjo por la lentitud y la dejadez, una situación que no se entiende teniendo en cuenta que Marco Antonio ha sido pedáneo de Monteagudo y sabe de qué va la cosa.

El resto de concejales del Gobierno local no son ajenos a este malestar puesto que saben de la situación que atraviesan los pedáneos y las juntas otros concejales que residen en los pueblos como Fulgencio Perona, edil de Seguridad Ciudadana y Emergencias, vocal del comité ejecutivo del PP y expedáneo de Torreagüera, y José Francisco Muñoz, concejal de Hacienda y Movilidad y vocal de Alquerías durante ocho años. Además, Muñoz ha sido secretario ejecutivo de Descentralización del PP, un cargo orgánico que nada tiene que ver con el Ayuntamiento pero que entronca directamente con la atención a los pedáneos y las juntas locales del PP. Muchos cargos para pocas soluciones aportadas, incluso aunque haya reuniones de por medio con estos actores (dicen en la Glorieta que a uno de esos encuentros fue un destacado militante popular, apodado ‘el compravotos’, para asombro de algunos).

Pese al profundo malestar de pedáneos y vocales de las juntas, afirman desde todos los frentes municipales que la sangre no llegará al río y, como sumisos que son, acatarán lo que diga la Glorieta porque, según afirman esas voces, ‘están amaestrados’. Lo que sí está claro es que ser pedáneo en estos tiempos no está pagado ni agradecido. En cuanto a los emolumentos, llegan casi a los 600 euros mensuales, una especie de ‘indemnización’ por el tiempo que le dedican a dar servicio a los vecinos. Menos mal que tienen a su ‘raboalcalde’ para llorar sobre su hombro. Por nadie pase.

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