Opinión | La Feliz Gobernación
El jardín de los sumarios que se bifurcan
Una sucesión tan intensa de impactos provoca la desconexión, pues es difícil seguir a pespunte a tanto personaje secundario, alguno de los cuales emerge de manera intermitente como principal para ser de nuevo sumergido en la indiferencia por otro efímero protagonista estelar

Ilustración de Leonard Beard. / Leonard Beard
No sé si les pasa que cuando ven distraídamente una película y pierden el hilo en el primer tramo se pone difícil recuperar las claves elementales de la trama, y hay que estar preguntando continuamente a tu pareja: ¿Este es el primo de quién? ¿Esa es la que se casó con el asesino? ¿Pero a este no lo habían matado ya? ¿Quién se acostó con quién?
Pues bien, lo mismo. Aquí dejas una semana de leer la prensa o de ver telediarios, o bien te surtes solo por redes, y se te amontona todo. ¿Qué hacía Leire Díaz almorzando con Mazón en El Ventorro? ¿Fue el fiscal general quien filtró los papeles del Pentágono? ¿A cómo dices que está la cesta para Navidad en lechugas? ¿Quién enchufó a Jésica en la Diputación de Badajoz?
Una sucesión tan intensa de impactos informativos provoca necesariamente una desconexión, pues es difícil seguir a pespunte a tanto personaje secundario, alguno de los cuales emerge de manera intermitente como principal para ser de nuevo sumergido en la indiferencia por otro efímero protagonista estelar de poco recorrido. Sale Aldama, baja Peinado; sube Koldo, se esfuma Gallardo; amanece Ábalos, atardece Pérez Dolset; comparece Ángel Víctor Torres, olvidamos a Carmen Pano; juzgan al fiscal, lo sustituyen los hidrocarburos; reaparece Delcy, retomamos lo de la refinería; habla Ayuso, sube el pan... Etcétera. Y así vamos, con toda la tropa escalando, descendiendo y recuperando posiciones en la escaleta de los telediarios como si fuera la lista de Los 40 Principales.
Sale Aldama, baja Peinado; sube Koldo, se esfuma Gallardo; amanece Ábalos, atardece Pérez Dolset; comparece Ángel Víctor Torres, olvidamos a Carmen Pano
Es esa fatiga que te ataca cuando intentas leer de una tacada Guerra y Paz, y va apareciendo uno tras otro el reparto coral de los personajes, que se renuevan sin parar, lo que requiere un sobreesfuerzo para atender a las subtramas. Si hoy sobreviviera Crónicas Marcianas, aquel tipo llamado Dinio podría convalidar su frase «la noche me confunde» por «la política me confunde», pues ésta ha adquirido el efecto lisérgico que en su tiempo era atribuido a las consecuencias distorsionantes que provocaban ciertas sustancias bajo las luces de neón.
Si uno, que tiene otras cosas que hacer, no está atento a la evolución de todas las telenovelas de la política patria, perderá pie de una semana a otra, y en vez de predicar con suficiencia en sus pequeños foros del dominó, los aperitivos, las visitas del cuñao o la partidas de petanca, tendrá primero que ajustar las informaciones sobre las que ha sufrido pérdidas: ¿Es cierto que Ávalos emulaba a Goethe cuando dijo aquello de «luz, más luz» al pedir «folios, más folios»? ¿Ha constatado la UCO que Koldo ha grabado hasta el disco de Rosalía?
Conexión y confusión
Todo está conectado, incluso aunque los repartos sean distintos en cada caso, de modo que que si hay una pieza del puzzle que se te ha escapado todo el relato se te viene abajo y acabas mezclando las cosas: ¿Que Junts ha roto o que en Cataluña con la Orriols le ha salido un roto? ¿Que el PSOE se financia ilegalmente, pero poco? ¿Que lo último de Miss Asturias, de acuerdo con la cualidad de su título, es que ha pedido la paz en el mundo?
No hay que perder ripio si aspiras a seguir el culebrón, pues un leve distraimiento te deja sin criterio en las tertulias. ¿Me dices que la hija de Yolanda compró el bolso en la misma tienda que Soraya el suyo? ¿Que Feijóo es coherente al pedir elecciones en España y a la presidencia de la Comunidad Valenciana, pero en este caso solo dentro de su partido? ¿Que la jefa de gabinete del jefe de gabinete de Sánchez que ahora la han ascendido y tiene su propia jefa de gabinete no se acuerda de dónde están los despachos de tanto gabinete, o era otro? Que como es posible que tenga responsabilidades una señora a la que se lo olvida hasta con quién habla, como a Ana Mato se le olvidaba que tenía un Jaguar en su garaje? ¿Que ahora es la prensa la que filtra documentos al Gobierno en vez del Gobierno a la prensa? ¿Que el fiscal general de Estado aprendió la técnica sobre el oportuno borrado de móviles de los narcos que tiran los fardos de droga al mar cuando se ven acosados por la Policía? Si te descuidas un poco acabarás aceptando que hay indicios que no son pruebas.
Juzgan al fiscal, lo sustituyen los hidrocarburos; reaparece Delcy, retomamos lo de la refinería; habla Ayuso, sube el pan... Etcétera. Y así vamos
La ensaladilla
La ensaladilla perfecta es aquella en que vas distinguiendo los sabores según los catas, sin descripción previa de los productos que la contienen, y así: ¿A Zapatero se le han achinado los ojos bajo las cejas circunflejas de tanto ir y venir a establecer negocios con Xi Jimping ? ¿Bolaños va a reformar la Justicia para que Begoña, que ya dirige una cátedra, pueda ser magistrada para barrer el lawfare? ¿Juan Carlos ama tanto la democracia que cuando se exilia lo hace en una autocracia? ¿Ha dicho Sánchez que apenas conoce a Koldo, pues en el Peugeot se sentaba en el asiento de atrás y no tenían conversación?
Todo se cruza, se mezcla, se amasa en un revoltijo. Santos Cerdán, que saldrá de la cárcel por Navidad, ¿es cierto que ha hecho un nuevo recurso de apremio al juez, esta vez con el argumento de que «ya es Navidad en El Corte Inglés»?».
Rajoy ha escrito un libro sobre el arte del buen gobernar que no ha firmado como Eme Punto Rajoy, lo cual desmiente su aclamado sentido del humor, aunque tal vez lo haya hecho, y daría igual. ¿Es cierto que el hermano de Sánchez ha localizado por fin un despacho, pero de abogados? ¿O que el novio de Ayuso se enfrenta a las opciones de suicidarse, irse de España o de poner su dinero fuera del alcance del fisco de España? Los titulares de las noticias se descomponen, se desordenan, se entrecruzan.
Si uno no está atento a la evolución de todas las telenovelas de la política patria, perderá pie de una semana a otra, y no podrá predicar con suficiencia en sus pequeños foros
Todo conduce al despiste. Si no ves Mañaneros en La Primera te vas quedando sin espíritu de objetividad, lo mismo que si durante dos semanas seguidas se te pasa conectarte a Horizonte, ese remanso tan hogareño y familiar. Si te levantas tarde y no ves a la Intxaurrondo pasarás el día sin explicaciones que oponer al sabiondo del vecino, que suele recitar la lista de las corrupciones, con las excepciones de las que corresponden a los suyos. Si te acuestas temprano y no atiendes a Vallés se te escaparán los matices de los subtextos de la actualidad, y la chispa del editorialillo final.
Si te desenganchas, mejor te llevas las conversaciones a lo de Lamine Yamal, que ese sí es un escándalo. ¡Atención, cuidado, no lo hagas! Es probable que detrás de esto también esté Sánchez.
No sabrás, por tanto, que el título del libro que publicará la fontanera del PSOE tras su inspección del alcantarillado llevará por título «Algo huele mal en Dinamarca», porque España es puro aroma de Ambipur, ese perfume químico que mata otros olores sin mejorarlos. Y que la autora ha dicho que si no lo ha publicado aún es porque no quiere que en la presentación le tiren huevos, como al que se los tocó en presencia de la reina.
También te habrás perdido que dos baluartes de la legalidad institucional, la Guardia Civil y la Abogacía del Estado, se tiran entre sí algo más que huevos, y que hay gente que se alinea con una o con otra según su afección al Gobierno, que los prefiere peleados antes que a ambos en la función fiscalizadora que les corresponde. Una de las sorpresas que te llevarás cuando reconectes es que muchos de los críticos radicales al sistema son a su vez los más radicales defensores del estatus. A lo mejor es porque el manual de resistencia a toda costa es lo que más erosiona el sistema. Un lío.
Todo está conectado, incluso aunque los repartos sean distintos en cada caso, de modo que si hay una pieza que se te ha escapado todo el relato se te viene abajo
Enredados
Tal vez creas haber leído en algún sitio que Abascal, tras consumar la escabechina con los fundadores de Vox, está pensando en destituirse a sí mismo, pues hay días en que no se ve demasiado ortodoxo. O que Feijóo ha pronunciado por fin una frase que no había dicho veinte mil veces antes: «Convoque usted elecciones, señor Sánchez». O que Moreno Bonilla sufre graves problemas con el sistema de control a los maltratadores, tantos como la ministra Ana Redondo con los cribados de cáncer de mama. O que la UCO ha encontrado en el registro de Acciona un zulo de chistorras.
Lo mismo te has enredado al escuchar las declaraciones de la portavoz de Puigdemont en el Congreso: «Vamos a seguir apoyando las leyes del Gobierno para que quede clara nuestra ruptura». Y con lo que ha lamentado la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría: «Por una vez que queríamos perder una votación, la del cierre de la central de Almaraz, va Junts y vota a favor». O de que la causa de que Moncloa haya contratado los sistemas de seguridad informática del Estado con la china Huawei es para que Koldo no siga haciendo grabaciones, pues no sabe mandarín.
Quizá te hayas perdido la crítica de Bárcenas a los socialistas por el hecho de que en Ferraz entregaran a Koldo el dinero en sobres de curso corriente. «Yo, a Eme Punto Rajoy se lo pasaba en cajas de puros, que es mucho más elegante». A esto, Celia, la administrativa de la sede del PSOE ha repuesto: «Bastante tenía yo con disponer de un millón de euros en el cajón de mi mesa. ¡Como para tenerlo en cajas de puros, que abultan más!».
A todo esto, Óscar Puente ha escrito un tuit: «Al Twitter nunca llego tarde, a diferencia de mis trenes». Y luego está el Tito Berni, que anda muy disgustado porque coincidió con Ábalos en un determinado lugar sobre el que ofrece pocos detalles y el exministro no tuvo la deferencia de saludarlo. «Se están perdiendo las formas, y eso que había visibilidad por las luces de todos los colores», ha reflexionado.
Menos mal que ha salido Pedro Sánchez para poner las cosas en claro: «La mayoría de los jueces de este país cumplen adecuadamente con su trabajo, menos unos pocos que hacen política». Pasadas estas declaraciones por el Chat GPT las ha traducido como: «...menos los que investigan a mi mujer y a mi hermano», y eso que dicen que la inteligencia artificial aún no está suficientemente espabilada. Añadió otra cosa Sánchez, y esto no son titulares cruzados: se puede gobernar sin mayoría parlamentaria y sin presupuestos. Toma, y también sin Constitución, como hizo durante cuarenta años el del aniversario.
Adentrados en este laberinto borgiano de senderos que se entrecruzan, se bifurcan y se vuelven a encontrar, cabe una pregunta legítima: ¿cuándo se gobierna aquí?
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