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Opinión | El Prisma

¿Para qué servirá la COP30? | Alimentando la estafa climática

La conferencia mundial para luchar contra el cambio climático va a ser tan inútil como todas las anteriores, no solo porque los principales responsables de las emisiones de gases invernadero ya han dicho que no van a cumplir los compromisos anteriores, presentes y futuros, sino porque estamos ante un fenómeno en el que la responsabilidad humana tiene una importancia marginal.

El cambio climático es la amenaza elegida por los gobiernos de todo el mundo para manejar nuestras vidas, limitar nuestras libertades, incautarse de nuestro dinero y someter la voluntad de la población a su dictado bajo la amenaza de un apocalipsis que, probablemente, nunca ocurrirá.

El C02 ha sido declarado enemigo de la humanidad, cuando se trata, en realidad, del gas que permite la vida en la Tierra. La obsesión política por reducir su presencia en la atmósfera hace creer a la gente que el dióxido de carbono tiene una importancia fundamental en la masa gaseosa que nos rodea, pero lo cierto es que supone apenas el 0,04% del aire que respiramos. De ese porcentaje, solo el 3% tiene como origen la actividad humana, lo que hace que todos los esfuerzos planteados en la batalla contra el cambio climático solo podrán modificar el 0,001% del C02 de la atmósfera y eso en caso de que todos los países cumplieran a rajatabla con la limitación de emisiones acordadas por la ONU.

Pero es que los países que más C02 lanzan a la atmósfera se han desvinculado de los acuerdos del clima, de manera que lo que se apruebe esta próxima semana en Brasil, lugar de la cita, tendrá una influencia residual en la lucha contra el cambio climático emprendida por la clase política mundial.

China representa la tercera parte de todas las emisiones del planeta Tierra. Pues bien, el Partido Comunista Chino ya ha dicho que no quiere saber nada de esta locura mesiánica de los progres occidentales. Lo mismo han dicho EE UU e India, los otros dos países con mayores emisiones tras los chinos. En total, los países responsables de dos tercios del C02 que se lanza cada año a la atmósfera se han desvinculado de la campaña para evitar el apocalipsis climático, por lo que los esfuerzos surgidos de esta cumbre serán tan irrelevantes como todos los anteriores.

La situación, por tanto, es la siguiente: Para reducir el 0,00033% del C02 que hay en la atmósfera, los gobiernos han convertido las ciudades en ratoneras, impiden a la gente pobre entrar con sus coches de gasoil en las zonas de bajas emisiones, prohíben las obras hidráulicas, suben impuestos, elevan artificialmente el precio de la energía, arrancan millones de hectáreas de arboleda para poner placas solares y tratan de provocar mala conciencia ecológica en las masas mientras ellos viajan en jet privado. Lo asombroso es que la gente traga con todo y, si hacen una encuesta, todo el mundo está de acuerdo en que el cambio climático es una amenaza terrible que debemos combatir al precio que sea.

Los participantes en la COP30 quieren bajar en 1,5º la temperatura media del planeta en 2100, una cosa tan ridícula que solo puede disculparse por la existencia de un retraso mental severo. Porque nadie ha demostrado que una ligera subida de la temperatura media vaya a suponer un problema (todo lo contrario) y, mucho menos, que las medidas coactivas de los gobiernos y su castigo a las economías desarrolladas vaya a solucionar ese no-problema de manera perceptible.

Los chinos, que saben mucho, han decidido que con ellos no cuenten para esta chorrada. Otros 61 países han dicho igualmente que el calentón global se la trae floja y que van a seguir igual. Pero aquí estamos los españoles, dispuestos a sacrificarnos lo que sea necesario para impedir que la subida de los océanos llegue a las mansiones de los trillonarios construidas al borde del mar.

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