Opinión | Salud y rock and roll
Me acojo a sagrado

Una escena de la serie "The Young Pope"
Vivimos tiempos locos; el guionista cada poco nos pega un giro de guión surrealista a lo MDMA con anís del mono, un toque de hielo y Coca-Cola Zero, rollo indie. Llevo algunos días dándole vueltas a un tema que a su vez contiene muchos más si profundizas. Para documentarme sobre lo que les quiero hablar, ha caído en mis manos un artículo que plantea una pregunta: ¿Por qué lo religioso nos conmueve incluso cuando no creemos? No dejes de leer, no voy a hacerte el análisis un millón del disco de Rosalía, ni tampoco de la brillante película de Alauda Ruíz de Arzúa, Los domingos. Reconozco que siento fascinación por la liturgia religiosa, la belleza artística que la rodea y cómo el arte, el cine o la música interpretan y transmiten su visión de la religión católica. Películas como Cónclave, su fotografía, la recreación de la elección de un papa de manera tan cuidada y tan veraz, hasta llegar a un final que bien podría haberlo escrito el guionista de este loco mundo. Pero esto no es de ahora; en 2016, Sorrentino, con una serie de ficción llamada The Young Pope, me dejaba fascinada con el papa más guapo que he visto nunca (Jude Law) y la adorable e inmensa Sor Mary (Diane Keaton), por no hablar de la presentación de la serie, en cada capítulo de la segunda temporada con monjas muy sexys bailando electrónica con cruces de neón de fondo. Esa mezcla de vanguardia y liturgia es la que ahora parece haber llegado y captado la atención, sobre todo de los jóvenes. Hakuna, Rosalía o la película Los domingos, tres fenómenos sociales ponen el foco en la fe católica. Y un montón de gente no para de hablar de ello.
Fui bautizada, fui a un colegio de monjas, hice la Comunión y la Confirmación y hasta he sido madrina y catequista, algo hippie, pero lo fui. No soy creyente, no sé si lo fui alguna vez; en momentos complicados recé ante el miedo a la pérdida. Una parte de mis raíces está en Lorca, donde es de sobra conocido el fervor y devoción que se siente en Semana Santa, y durante esos días, me transformo; creo que soy un pedacito de cada miembro de mi familia que ya no está y les rindo homenaje año tras año, viviendo nuestra pasión diferente, «un sentimiento importante», como dice la canción de los Mujeres. Ayer, las calles de la ciudad en la que vivo se llenaron de devotos, turistas y curiosos para ver una procesión en pleno noviembre. Otro evento más para la saca de los fastos por los 1200 años de la fundación de la ciudad, ¡si Abderramán II levantara la cabeza! Aunque quizás le escandalizaría más saber que los gobernantes de estos tiempos, para celebrar el aniversario de la ciudad, entre el despropósito de eventos han montado la semana de la hamburguesa, todo con un rigor histórico y un buen gusto digno de admirar. Con motivo de la procesión, la ciudad esta semana tenía sus iglesias abiertas para poder visitar los tronos de cada cofradía participante. El pasado miércoles me di un paseo por la ciudad; fue una tarde llena de belleza, de música en mis auriculares, de acordarme de los míos. Un momento para acogerse a sagrado y olvidarse del mundo. Sin palabras me dejó la capilla del Cristo de la Sangre, donde descansa el trono de la Hermandad de Labradores Paso Azul de Lorca, el Cristo de la Coronación, mi paso, mi Cristo. Aquí está la respuesta a la pregunta del artículo que leía hace unos días; me conmueve lo religioso, aunque no crea, sin duda. Pero hay que mirar más allá; la cultura de una ciudad o de un municipio no puede ser solo procesiones, toros y el congreso de la Mantilla o de las Cofradías. Sé que vivimos en una sociedad mayoritariamente católica y cofrade, lo asumo, pero, por favor, separemos la religión de la cultura y de las instituciones. Para los que se me van a tirar encima a decir que la religión es cultura, les digo que sí, pero que ya está bien. Ojalá hubiera una estrategia cultural ambiciosa que apostara por proyectos culturales laicos que fomenten la cultura de barrio, así como proyectos culturales que pongan a la ciudad en el mapa para algo más que para hablar de música indie mainstream. Dejen de hacerse fotos en iglesias y rodeados de hombres; da miedo y no representa a la sociedad en la que vivo. Hay mujeres en el mundo de la cultura que salen muy bien en la foto; no nos tengan miedo. Otra Murcia es posible; lo sigo creyendo a pesar de la cantidad de proyectos que un día fueron algo y se quedaron en la nada, o peor aún, cayeron en las peores manos posibles que, lejos de respetar la cultura, la destrozan y la prostituyen. Y ahí están en la foto, año tras año, recibiendo dinero público. Es obsceno y triste. Como les decía, no soy creyente, pero voy a ver si rezando sale la caspa de las instituciones. Y ustedes recen por mí, después de haber escrito este artículo.
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