Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | De dioses y de hombres

Cervantes estuvo en Lorquí

Casa de la encomienda, derribada en 1975.

Casa de la encomienda, derribada en 1975. / L.O.

Siempre me ha emocionado la idea de ser transmisores culturales, la responsabilidad de poder legar un mundo mejor y no dejar caer en el olvido lo que hasta nuestras manos ha llegado valioso. Muchas veces conocemos de primera mano información relevante que hemos estudiado o presenciado; otras, por el contrario, la vamos descubriendo poco a poco, enlazando nuevos datos que reescriben la historia que dibuja nuestro propio mapa. Es uno de los regalos que la vida, al ir cumpliendo años, puede hacernos. La investigación histórica es algo constante, mutable en afirmaciones; sorprendente siempre en la luz que arroja sobre nuestro presente.

Don Miguel de Cervantes es, indiscutiblemente, uno de los bastiones de la literatura universal. Con una vida personal intensa-especialmente mediática ahora con la reciente película que Amenábar ha dirigido-, llena de requiebros y viajes, poco ajenos -en la mayoría de ocasiones- a su creación literaria. En febrero de 2017 recibí una carta por correo postal: enigmática, sugerente y estimulante a partes iguales. La misiva la remitía un maestro jubilado -octogenario-, amigo de mi padre y abuelos muchos años atrás: don Martín Cifuentes Riquelme. En ésta me comentaba su inquietud ante un tema relacionado con nuestro pueblo natal. En la célebre novela de La Gitanilla, Cervantes menciona una parada de los personajes en un mesón en su camino hacia Murcia capital, a tres leguas de la misma y cercana al camino real desde Albacete hacia Cartagena -camino que actualmente coincide con el trazado de la autovía A-30. Ese lugar es Lorquí, me aseguraba mi paisano entre las letras escritas. Tras aquella carta lo primero que hice, evidentemente, fue leerme con atención la novela ejemplar citada y comentar la misiva con diferentes amigos. De forma resumida, el libro narra una historia de amor que comienza en Madrid y culminará en Murcia. La protagonista, llamada Preciosa, es una gitana que finalmente resultará no serlo. Cercano al final se narra una escena acontecida en un mesón -especialmente importante para nosotros- donde la historia dará un giro con la aparición de un nuevo personaje femenino. En aquellas fechas que arriba he mencionado una sola cosa nos quedaba clara: geográficamente todo coincidía en la descripción cervantina con la villa de Lorquí. Ahí quedó el tema. Tan sólo como una posible sugerencia ficcionada en la brillante inventiva del genio literario.

Ilustración de Ignacio García

Ilustración de Ignacio García / L.O.

Años después, Juan Ruiz, incansable investigador local y al que debemos otros importantes descubrimientos, halló documentos en los que se describía pormenorizadamente un mesón en los tiempos de Cervantes ubicado junto a la mítica casa de la encomienda lorquiense. En el citado documento se hablaba de la mesonera como una «viuda rica» y de su hija, hablamos de un legajo del año 1586. Don Miguel había vuelto de su cautiverio de Argel seis años antes. La alusión, tanto al mesón como a la madre e hija, coincide en gran manera con lo narrado en La Gitanilla.

Ayer, en el centro cultural Enrique Tierno Galván de Lorquí, el reputado experto cervantino don Francisco Javier Escudero Buendía dio una conferencia sobre algunas de sus investigaciones versadas en los personajes cervantinos. El archivero e investigador lleva varias décadas indagando en cómo Cervantes fue incorporando a sus novelas, incluida El Quijote, personajes e historias que conoció de primera mano y que alimentaron su imaginación. No se trata de que contara las cosas de forma literal o biográfica, sino que los utiliza en el hilvanado y la construcción de sus tramas, apunta Escudero. Durante la charla pudimos conocer de primera mano numerosos personajes que forman parte del mundo cervantino, de la literatura universal, y que tuvieron un origen real y concreto, documentado y puesto a la luz por el investigador. También tuvimos la gran satisfacción de poder escuchar como el experto cervantino cree que ese mesón o fonda narrado por Cervantes era el existente en Lorquí, regentado por esa «viuda rica» y su hija- de unos diecisiete o dieciocho años nos dice la novela y llamada por el autor Juana Carducha- y que los legajos de las visitas santiaguistas mencionan.

Ese mesón se encontraba en las inmediaciones de la actual plaza de la Libertad, al amparo de la gran mole de la casa de la encomienda, lamentablemente derribada en 1975. Poco queda de aquel pequeño pueblo que vieran los ojos de nuestro más aclamado escritor; pero sí quedan sus palabras, su inventiva. La genialidad de un hombre que supo relatar lo que sus ojos presenciaron, fundiendo realidad y ficción. El prodigio de un Cervantes que observó, en algún momento, en aquel mesón ilorcitano del siglo XVI, el alma humana para regalarnos el poder de la literatura, siempre eterna.

Tracking Pixel Contents