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Opinión | +Mujeres

Amazonas: la realidad detrás del mito

Representación de dos guerreras amazonas en un jarrón

Representación de dos guerreras amazonas en un jarrón

Mencionadas por primera vez en La Ilíada, las amazonas encarnan a las mujeres armadas que combaten junto a los troyanos y contra los griegos. Según el mito vivían en países lejanos al norte de Grecia, criaban caballos y fueron descritas como iguales a los hombres en el campo de batalla. Se relacionaban con los hombres solo para asegurarse la reproducción, quedándose con las niñas para perpetuar su raza y entregando los niños a sus presuntos padres. Algunas distorsiones del mito añaden que mataban o mutilaban a sus hijos y que ellas mismas se amputaban un pecho. En resumen, eran bárbaras, promiscuas y malas madres; un pueblo contrario al orden natural, una amenaza para Grecia, que representa el orden social tradicional y patriarcal.

Las amazonas fueron derrotadas por los hombres en todas las batallas. Todas estas derrotas, sobre todo la final contra los atenienses, significan el triunfo de la civilización y el fin de la barbarie, la vuelta al orden natural.

Este era el propósito principal del mito: explicar y justificar el rol del hombre como figura de poder y enseñar que cuando las mujeres desafían el orden establecido, deben ser controladas, humilladas y destruidas (Mary Beard).

Durante siglos fueron consideradas un simple mito, pero los descubrimientos más recientes y los estudios posteriores han empezado a cuestionar esta convicción y a buscar y explicar la existencia de una verdad histórica tras el mito.

Uno de los primeros grandes descubrimientos que cambió el rumbo de las investigaciones fue el hallazgo de la tumba de un niño, o eso se creyó, con su armamento, su ropa e incluso su cuerpo increíblemente bien conservado. La asociación armas-varones, les había llevado durante años a dar por sentado que los guerreros eran siempre hombres. Sin embargo, el estudio minucioso de la momia, abandonada en un almacén durante muchos años, arrojó unos resultados que trastocaron todos los códigos de interpretación porque los restos eran de una niña. Otro gran descubrimiento fue la momia de una joven escita, muy bien conservada y que tenía la piel cubierta de tatuajes; la Princesa del Hielo estaba acompañaba por seis caballos.

Estos errores cometidos en el pasado son imposibles de confirmar puesto que los esqueletos recuperados en el pasado durante los siglos anteriores no se han conservado.

Desde hace ya unos años, con la ayuda de la ciencia (la paleogenética, osteoarqueología y la bioarqueología), se están realizando descubrimientos asombrosos que nos muestran facetas nuevas de los pueblos nómadas de la antigüedad que habitaron las estepas desde Siberia hasta Armenia y que eran contemporáneos de la Grecia Clásica.

Parece que la civilización escita podría ser la clave del enigma. Herodoto (siglo VI a. C) nos explica las costumbres de estos pueblos, que se unieron a las amazonas. De esta unión surgirían los pueblos saurómatas o sármatas.

Los escitas eran una serie de pueblos nómadas de jinetes y domadores de caballos que ocuparon las tierras desde Siberia al Mar Negro (Escitia, para los griegos) entre los siglos VII y II a. C. Eran pueblos guerreros expuestos constantemente al peligro por lo que hombres y mujeres estaban capacitados para defender a la tribu. Su estilo de vida era totalmente opuesto al griego; las mujeres eran tan activas como los hombres, por lo que verían en los escitas un mundo de valores invertidos.

Es en estas amplias estepas donde se han excavado más de 1000 tumbas, de las cuales unas 300 son de mujeres armadas, enterradas con los mismos honores que los varones y que presentan heridas de armas. El estatus de las mujeres, confirmado por la arqueología, podría haber llevado a escritores griegos y romanos a hablar de un pueblo donde imperaba la ginecocracia, es decir, gobernado por mujeres. Al entrar en contacto con estas poblaciones, los griegos podrían haber unificado a todas estas mujeres guerreras bajo el nombre de Amazonas.

Los escitas no fueron los únicos que contaron con mujeres guerreras. En el norte de Armenia, se han desenterrado tumbas de mujeres rodeadas de sus armas, pertenecientes al reino de Urartu. El estudio de la masa muscular de los brazos y las marcas de la musculatura en los huesos de las piernas sugieren que eran arqueras y jinetes.

De momento, la idea de que los escitas o los sármatas pudieron inspirar o alimentar el mito de las amazonas es casi imposible de probar, por ahora. Y, aunque hay estudios que confirman que las mujeres de las culturas nómadas de las estepas siberiana y euroasiática ostentaban un estatus social y militar significativo, otros argumentan que las fuentes arqueológicas por sí solas siguen siendo insuficientes para determinarlo. Un estudio comparativo de las fuentes escritas, el arte y los restos arqueológicos y antropológicos podría desvelar este gran misterio de la antigüedad.

Aunque sugerente, no parece demostrable la existencia de una sociedad exclusivamente de mujeres guerreras y, sobre todo, no hay indicios de que rechazaran a sus hijos varones ni a los hombres, o de que se mutilaran un pecho para mejorar su puntería con el arco. Se trata de algunas de las distorsiones que ha sufrido el mito a lo largo de la historia.

Los historiadores y las historiadoras han pasado por alto muchas cosas porque no se pensó que existieran tantas mujeres con presencia en el espacio público. Es necesario hacer una nueva lectura de las fuentes para descubrir a más mujeres activas y para devolverles el protagonismo que se merecen.

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