Opinión | Mujeres interesantes
María Martínez
Brigitte, la estilosa quiosquera
No compraba en el quiosco de Brigitte en Gran Vía, pero paseaba por allí con uno de los perros de la familia: Melón o Choco. Recuerdo que una vez le compré golosinas y un juguetito para mi ahijada Lola, y hablé con ella. Siempre me llamó la atención su atractiva figura. Rubia, alta y esbelta, pero especialmente su forma de vestir. Con estilo propio. Parecía extranjera, francesa por su nombre, que en realidad era Brígida López. Me hubiera gustado, como mujer interesante que consideré, hacerle algunas preguntas para que me resumiera su vida, porque me sorprendía que, con su porte, fuese quiosquera: actividad tan digna como otra si se ejerce con afán y buen trato, como hizo Brigitte. Podría haber sido modelo de pasarela.
Este agosto leí que había fallecido (el quiosco estaba desde junio cerrado por enfermedad) y vi en foto de prensa la cantidad de mensajes lamentándolo y recordándola: papelitos que se retiraron para ser guardados porque son testimonios de cariño y de consuelo para su hijo. Pienso en su mascota Lola, que también la echará de menos. Cuando paseaba con las mías (que son las de mis hijos) se quedaba mirando a los canes: se notaba cómo le gustaban. Ella sonreía con la suya siempre a su lado.
Es, o era, una de esas personas que forman parte del paisaje urbano, del bullicio cotidiano, de estar presente acompañando siempre la calle y a los transeúntes. Tenía mucho público, no sólo por la inmejorable situación del puesto sino por su gentileza: la vi con frecuencia conversando con la clientela. Era mucho más que mera vendedora. He pasado a propósito durante septiembre y octubre para comprobar si el quiosco seguía cerrado, si bien se anunciaba su apertura (sin fecha) cuando a quien le correspondiera tuviese ánimo o pudiese. Todavía cuelga en lo alto del quiosco el cartel de «Cerrado por vacaciones» y conserva en el centro el mensaje de agradecimiento por el afecto y las condolencias dados. He estado atenta para que el nuevo quiosquero o quiosquera me hablase de ella. Brigitte, o Brígida, heredó de su madre el pequeño negocio y lo mantuvo más de quince años.
Hay figuras con paisaje, duraderas, en lugares céntricos y transitados que forman parte de la identidad de nuestra ciudad, como la mendiga en la esquina del palacio episcopal, las loteras de las cuatro esquinas (la ‘bajita’ Carmen se ha jubilado, pero permanece su compañera), el trío de los testigos de Jehová en santo Domingo, el acordeonista de Alfonso X, son algunas en las calles y plazas señeras.
Suerte a quien herede el puesto: Brigitte era mucha Brígida. Cuando un quiosco cierra, malos tiempos. Dicho queda.
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