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Opinión | MURCIA D. F.

Síndrome de ‘burnout’ en los funcionarios

Síndrome de 'burnout'

Síndrome de 'burnout'

Podrían estar viviendo su mejor época por lo conseguido en el acuerdo de condiciones de trabajo firmado entre los sindicatos con representación en el Ayuntamiento de Murcia y el Gobierno local. Lo más sustancioso: una subida de sueldo inimaginable hace años para los funcionarios municipales y un compromiso de seguir por la senda del crecimiento de nóminas. Incluso se ha logrado una especie de salario mínimo para las categorías más bajas.

Sin embargo, lo económico no logra mitigar la sensación de ciertos funcionarios de que algo no está funcionando bien y que se siguen aplicando sistemas que deberían estar desterrados de una administración moderna. Esta circunstancia demuestra que el dinero no lo es todo y que también es importante el ambiente emocional del trabajo y una gestión profesional alejada de injusticias y amiguismos.

En las últimas semanas se han hecho públicos diversos informes del departamento de Salud Laboral que indican que hay mucho descontento en varios servicios municipales, sobre todo, los que atienden a la población más vulnerable. Los de Servicios Sociales y los que se dedican a dar ‘consuelo’ a personas que tienen importantes problemas (precariedad, maltrato, soledad, etc.) sufren el síndrome de ‘burnout’ o de desgaste profesional, que les lleva a la desmotivación, a estar sobrepasados por la carga de trabajo y a tener un equilibrio emocional frágil desde el punto de vista laboral.

Hay informes que son demoledores con decenas de conclusiones que ponen al descubierto las costuras del sistema y que indican que hoy en día hay muchos aspectos que pulir dentro del funcionamiento de la Administración local donde trabajan más de 3.000 personas, entre funcionarios y contratados. Sin sistemas de mediciones claros ni transparentes sobre el rendimiento y satisfacción tanto del empleado público como del ciudadano, objetivo final del servicio público, estos documentos son esclarecedores hasta que no se apliquen en nuestro país metodologías similares a las que usan en Noruega o Suecia para chequear los servicios públicos.

Se dan distintas circunstancias que hacen que la situación esté bastante enrarecida en distintos servicios. Una de ellas es la falta de personal o el baile de profesionales por la actitud de distintas concejalas más preocupadas por cómo está el continente (se gastan dinero en redecorar estancias, por ejemplo) que por el funcionamiento de los servicios públicos o por las necesidades que tiene el personal a su cargo.

También influyen ciertas actitudes pusilánimes de otros concejales y concejalas que dejan que Alcaldía pase por encima de ellos para prorrogar la jubilación a cierto personal criticado por sus subalternos y que, presuntamente y según se ha hecho saber al Gobierno local a través de escritos y denuncias verbales de sindicalistas, se ha aprovechado de su posición para sacar rédito personal. Por no hablar del desmadre económico que supone tener a alguien trabajando que se dedica, básicamente, a rendir pleitesía a los que mandan.

Tampoco ha hecho bien al ambiente de trabajo que en un determinado servicio se haya fichado a una funcionaria de una universidad madrileña, sin experiencia en las laborales a las que ha sido asignada en el Ayuntamiento de Murcia, por tener una relación personal con el hijo del jefe del departamento en el que ha desembarcado. No es nada gratificante pensar que se sigue actuando en la principal administración de la capital de la Región como si se tratara de un cortijo. Aquello de mérito y capacidad ha quedado relegado en este caso concreto, como en otros, desplazando a una funcionaria que tenía años de experiencia en el servicio y con la que el Gobierno local había adquirido un compromiso de nombramiento para el puesto, ya que lo había ejercido casi de manera altruista.

Está claro que no se puede confiar en la palabra de un político que, como el junco, se mueve en cada momento en función del aire que sopla en cada momento. Por nadie pase.

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