Opinión | La Feliz Gobernación
Lo que viene de Valencia
A diferencia de los anteriores pactos autonómicos PP/Vox, ahora es Feijóo en persona quien ha de descender al barro para concertar un acuerdo con Abascal, adelantando una escena que habría tenido que producirse después de las próximas generales, sean éstas cuando sean

Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y el diputado de Vox, Ángel López Maraver, a su salida del pleno del Congreso de los Diputados. / Borja Sánchez-Trillo
Mira a la Comunidad Valenciana. De ahí vendrá todo esta vez. El acuerdo, si es que lo hay, que lo habrá, entre Feijóo y Abascal para sustituir a Mazón establecerá el marco general del futuro. En la Región de Murcia y en España. No hablamos esta vez de pactos entre líderes territoriales sino al más alto nivel de las respectivas cúpulas. Cabe deducir que aquella Comunidad va a constituir un ensayo general sobre la armonización de los programas de PP y Vox no solo para nuestros vecinos sino para toda circunstancia que requiera de un acuerdo de estabilidad entre las derechas. Es probable que aquellos que pedían la dimisión de Mazón pronto lamenten su éxito si no lo hacían por motivos morales sino ideológicos, porque los abascales apretarán aún más en esta encrucijada.
Del pacto local al nacional
Nótese el cambio de paradigma. Tras las elecciones autonómicas, Mazón se adelantó a todos los presidentes populares en su situación de minoría mayoritaria presentando un pacto exprés con Vox para sorpresa y malestar de Feijóo, cosa que pocos dudan que tenía facturada desde antes de que cantaran las urnas. Fue un aquí mando yo, poniendo sus intereses por delante de los de su partido, que tuvo que acudir a las inmediatas elecciones generales con el sambenito de ser socio de la extrema derecha. Ahora, las cosas son distintas: es el propio Feijóo quien ha de descender al barro para concertar un pacto con Abascal, adelantando una escena que habría tenido que producirse después de las próximas generales, sean éstas cuando sean.
Del acuerdo de Feijóo y Abascal saldrá el molde que después aplicarán para el Gobierno central y para el desarrollo de las políticas en los autonómicos que todavía se sostienen, como el de Murcia
Este hecho otorga a la crisis valenciana un plus de interés para el conjunto del país y para cada Comunidad, pues del acuerdo de los dos líderes saldrá el molde que después aplicarán para el Gobierno central y para el desarrollo de las políticas en los autonómicos que todavía se sostienen, como el de Murcia.
Urgido por la necesidad
No cabe duda de que Abascal apretará las tuercas a Feijóo, y más cuando éste se muestra urgido por la necesidad, pues no le interesa en este preciso momento un adelanto electoral en Valencia; a Vox tampoco, pero por distintos motivos, ya que se atiene a la experiencia de que más crece cuanto más se maceran los problemas del PP. Los de Abascal han descubierto la fórmula del primer Ciudadanos: se influye más desde los Parlamentos condicionando la acción de los Gobiernos sin mayoría que instalándose en éstos.
Abascal nada tiene que ver con el moldeable Sumar a la vera de Sánchez, cuyas discrepancias no pasan de una suave verbalización
La cogobernación es tóxica electoralmente; que se lo pregunten a Sumar. Es más práctico dosificar el programa de máximos desde los escaños de los Grupos Parlamentarios; que se lo pregunten a Junts, aunque en este caso se ha roto el juego porque otro partido, Alianza Catalana, ha conseguido instalar la imagen de que Junts estaba sin estar en el Gobierno de Sánchez.
Vox rebasa lo pactado
Si tomamos el ejemplo de la Región de Murcia vemos que PP y Vox han pactado dos veces en los dos primeros años de la legislatura: una, para conformar Gobierno, y otra, ya con los abascales fuera, para aprobar los Presupuestos. En ambas ocasiones, Vox ha ido imponiendo sus ideas a la fuerza. Podemos preguntarnos: ¿todavía le queda espacio para un nuevo arreón? Sin duda, y será el que marque el pacto valenciano, que a su vez también constiuirá un nuevo mordisco a políticas que el PP prefería no abordar de la manera en que Vox plantea. Que los condicionamientos de Vox no tienen fin lo hemos visto cuando ha tumbado la Ley de Vivienda, la perla con la que López Miras pretendía inaugurar el curso político; es decir, Vox no se limita a arrancar concesiones al PP sino que, además, interfiere en las políticas para cuya elaboración los populares creían tener las manos libres.
En Murcia PP y Vox han pactado dos veces en la legislatura: una, para conformar Gobierno, y otra, para aprobar los Presupuestos. En ambas ocasiones, Vox ha ido imponiendo sus ideas a la fuerza
Por tanto, cuando analicemos un pacto entre estos dos partidos, no reparemos solo en lo que aparece en el contrato sino que consideremos también la afectación sobre el conjunto de la acción del Gobierno. Puede que lo de Valencia se resuelva ‘a la murciana’, es decir, mediante concesiones expresas más allá de las que aceptó Mazón, o puede que constituya un acuerdo integral sobre las políticas generales del nuevo Gobierno. Pero, en cualquier caso, el pacto será un espejo de lo que vendrá en el resto de instancias y un antecedente a pequeña escala de una futura coalición estatal en cualquiera de los modelos posibles para el Gobierno de España. (Doy por sentado que esto se producirá porque el propio Pedro Sánchez, desmintiendo al CIS de Tezanos, justifica su resistencia a convocar elecciones en que las ganarían las derechas).
Molestos e irreductibles
Vox es un aliado molesto, irreductible. Nada que ver con el moldeable Sumar a la vera de Sánchez, cuyas discrepancias no pasan de una suave verbalización. O incluso que el Podemos gubernamental, que aceptó gestionar en sus espacios ministeriales, e incluso a veces ser corregido, sin intervenir en las actuaciones de los ministros sanchistas más que para aprobarlas. Vox, respecto al PP, no es de esa madera. La influencia que le dan sus escaños y su virtual crecimiento electoral les anima a no retroceder de sus planteamientos identitarios; entienden que cuanto más aprietan, mejor les va. Y esto haciendo un indudable esfuerzo de contención para no tocar el poder propiamente dicho, que tendrían si quisieran y al que renunciaron cuando lo tuvieron. Es una estrategia que se les ha revelado implacable y en la que están decididos a perseverar.

Archivo - El portavoz de Vox, Javier Ortega Smith (i) habla con el presidente de VOX, Santiago Abascal (d), durante una sesión plenaria en la Cámara Baja, a 17 de septiembre de 2024, en Madrid (España). / Jesús Hellín - Europa Press - Archivo
Mientras tanto, continúan las purgas: después de Olona, Monasterio y Espinosa de los Monteros, acaba de caer en desgracia Ortega Smith, y ya solo queda Abascal de la foto fundacional, un proceso caníbal similar al del Podemos de Iglesias, pero con efectos electorales imperturbables en el caso de Vox.
Los límites de Feijóo
Bien, es posible que al final se acabe escenificando el paripé de una negociación en tierra valenciana. Vox ha urgido al PP para que confirme si el candidato es Pérez Llorca, un nombre de alto riesgo, pues ha sido llamado a declarar por la jueza de la dana, y serán los líderes locales quienes recosan los flecos. Pero lo cierto es que el marco lo diseñarán entre Feijóo y Abascal y esto dibuja un tizne muy importante, pues será la primera vez que el líder del PP dará personalmente su visto bueno a un pacto PP/Vox, sin el pretexto de la libertad para firmarlo de los presidentes autonómicos.

Ilustración de Leonard Beard. / Leonard Beard
Se quiera o no, los tintes de ese acuerdo en las cúpulas tendrán la trascendencia de pintar los límites de Feijóo en su aceptación de las consignas que identifican a los abascales. Y esto gravitará en su fortaleza como líder, aspecto que instrumentará legítimamente la izquierda, que ya lo hace sin necesidad de que el PP se deje contaminar completamente por Vox.
A modo de pacto preelectoral
Hasta ahora, los pactos PP/Vox en varias Comunidades, como la murciana o la valenciana, respondían a situaciones de necesidad de sus respectivos presidentes y se presentaban desde la sede central de Génova como prueba de la autonomía estratégica de sus líderes territoriales. Y esto, tanto si se mostraban tan predispuestos como Mazón como si eran remisos, casos de la extremeña Guardiola o del murciano López Miras, quien aguantó hasta el límite para incorporar a Vox a su Gobierno.
Pero la actual situación valenciana, con la intervención directa y decisiva de Feijóo, redibuja la relación del PP con Vox como una especie de pacto preelectoral ante las generales. Aunque acudan a las urnas por separado, el destino seguro es el de compartir la Mesa del Consejo de Ministros. Esto nunca ha sido un secreto para nadie, pero hasta ahora funcionaba como una deducción lógica a la vista de las distintas expectativas de uno y otro partido. Sin embargo, la encrucijada valenciana dota a esta posibilidad de rigor, pues queda confirmada por la escenificación en las alturas. Con lo de Valencia, Feijóo ensaya junto a Abascal su probable futuro político en la perspectiva del Gobierno de España. Un secreto a voces, se dirá, pero ya no tan secreto.

Carlos Mazón, la noche del 30 de octubre. / Kai Forsterling
Las consecuencias de este acercamiento formal de las cúpulas entrañan, como paradoja, que se admite también formalmente que PP y Vox son principales adversarios respectivos. Los de Abascal deben crecer conteniendo al PP, pero sumando con él, y el PP ha de procurar que Vox le ayude a pasar el arco del gráfico de los resultados electorales, pero destacando ampliamente sobre la muleta a fin de intentar formar un Gobierno monocolor con su apoyo parlamentario.
Para ese juego de tronos parece imprescindible socorrerse mutuamente en la Comunidad Valenciana, donde no parece que el PSOE, vista su candidata (Diana Morant, una líder de fin se semana) aliente la posibilidad del cambio, aunque el momento, derivado del calor del aniversario de la dana y la dimisión forzada de Mazón, quien todavía ejerce en funciones y se paseará como aforado, no invita al riesgo. De ahí que el PSOE pida elecciones autonómicas ya, pues no se ha visto en otra. Como tampoco se ha visto en otra Feijóo.
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