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Opinión | LAS FUERZAS DEL MAL

Mamdani y el lobo

Mamdani no dijo que si no lo votaban a él vendría el lobo, sino que en el cuento contó por qué era más interesante para los neoyorquinos que los gobernara él y no el susodicho lobo

Imagen de archivo de Zohran Mamdani durante un mitin en Nueva York

Imagen de archivo de Zohran Mamdani durante un mitin en Nueva York / EFE

Parece una cosa superrevolucionaria y altamente simbólica que Mamdani, candidato del ala izquierda del partido Demócrata, en realidad un socialdemócrata, haya sido elegido alcalde de Nueva York. Acusado de ser la encarnación de todos los males, de socialista a islamista, como si fuera una caja de Pandora, la cabeza electa del Komitern neoyorquino no propone el asalto a la Torre Trump, como si fuera el Palacio de Invierno. Sus propuestas son tan revolucionarias y violentas como un enfoque multifacético, no solo policial, en la seguridad ciudadana; economatos municipales; congelar las rentas de alquiler y hacer que los caseros proporcionen viviendas dignas con agua y calefacción; construir vivienda pública y transporte público gratuito y eficiente. Por trasponer, podemos decir que la ciudad de Murcia se convierte en un poco socialista cuando hay alta contaminación porque el transporte público es gratuito. Lo de eficiente ya si eso, pero nadie ve a Ballesta vestido de sóviet.

En realidad, esto responde a una lógica que se nos ha olvidado en el día a día y en la que solo algunos de nosotros insistimos machaconamente: la política va más allá de la bajada de impuestos y del zasca en redes, pero también está yendo más allá del cuento de que «viene el lobo». Va más allá de las batallas culturales y también de las simples luchas identitarias.

Mamdani ha conseguido construir un relato que aúna esperanza con soluciones que interesan a la gente, a toda ella, sin excluir a ninguna y consiguiendo, aun así, ver la particularidad de cada una de ellas. Hablamos, por ejemplo, del trabajador heterosexual blanco, o negro o latino al que su casero le hace la vida imposible o de la persona trans que está sin hogar, sabiendo que ambos necesitan un techo en el que cobijarse, un transporte con el que desplazarse para ir al trabajo, o a buscarlo, o un sitio donde encontrar una alimentación básica de calidad a un precio razonable.

Todo eso se llama socialdemocracia y la teníamos aquí, o lo intentábamos, hasta que Reagan y Thatcher, también con la ayuda inestimable de los González de turno que acabaron fumando cohibas, se la fueron cargando poco a poco, hasta hacer creer a la clase trabajadora con un piso en la playa y dos coches que el Estado les robaba con sus impuestos, convirtiéndolos en involuntarios quintacolumnistas contra sus propios intereses, que es una manera muy fina de llamar a alguien tonto de los cojones.

Parece una cosa superrevolucionaria y altamente simbólica que Mamdani haya sido elegido alcalde de Nueva York, pero en realidad, si lo vemos, es una medida de seguridad para esa élite económica porque una población más feliz es menos proclive a plantar una guillotina. Eso sí, Mamdani no dijo que si no lo votaban a él vendría el lobo, sino que en el cuento contó por qué era más interesante para los neoyorquinos que los gobernara él y no el susodicho lobo. Quizás Pedro Sánchez, y los que somos amigos de Pedro, deberíamos aprender de esa fábula: la de Mamdani, no la del lobo.

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