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Opinión | Miradas furtivas

Los tiempos del arte

Ausencia de público en la sala Glorieta Uno del Ayuntamiento de Murcia.

Ausencia de público en la sala Glorieta Uno del Ayuntamiento de Murcia. / Juan Ballester

Si partimos de la base de lo que sucedió en septiembre de 2022, cuando trajeron a la Fundación Cajamurcia el retrato de Juan de Córdoba pintado por Velázquez y el público visitante fue escaso -al menos así lo era las veces que uno pasó por allí-, lo que pueda pasar con cualquier otro pintor no nos debería extrañar en absoluto. Actualmente podemos ver, en la sala Glorieta Uno del Ayuntamiento de Murcia, una muestra titulada: Carpe y los maestros Solana y Vázquez Díaz, y seguramente sea una ingenuidad, es decir, producto de unas emociones propias, pero, por el solo hecho de que en la misma se exhiban media docena de cuadros de un pintor con la talla histórica del mismo José Gutiérrez-Solana, creemos que sería motivo más que suficiente para que no se produjeran los vacíos de público que, desgraciadamente, podemos presenciar; por cierto, unos vacíos que también se dan con artistas contemporáneos como, por ejemplo, Xavier Mascaró, actualmente en Verónicas.

Pero, cuidado, lo que estamos viendo no es exactamente un abandono del arte por parte de la sociedad; prueba de ello sería la espectacular afluencia de público a la exposición que Darío Vigueras montó entre San Esteban y el MUBAM sobre arte callejero. Más bien, lo que está cambiando y hasta tocando fondo, es el sentido tradicional del arte -que no del arte tradicional, aunque también-.

El sentido último de la creación es el tempo, el ritmo, el eterno compás de la vida, pero el hombre de hoy, tan acostumbrado y necesitado de la inmediatez y la virtualidad, sólo vive con la simpleza de lo que se le ofrece al paso y sin pérdidas de tiempo, es decir, con lo que pueda sepultar en su móvil y poco más.

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