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Opinión | Misa de doce

No a cualquier precio

Antoni Daimiel

Antoni Daimiel / Sport

Recuerdo ese día como si fuera hoy. Era domingo, 14 de junio, y el sol, aunque aún era temprano, ya empezaba a hacer de las suyas y a picar anunciando la inminente llegada del verano. Aquella mañana madrugué para pasear por la playa con mi perra Dana y luego a mediodía fui a comer a La Tana, en Cabo de Palos, un suculento caldero del Mar Menor que había encargado mi amigo Raúl.

Estaba nervioso, no porque tuviera dudas de que no fuéramos a ganar, al contrario, sino porque a veces la espera de ciertos acontecimientos te produce esas mariposas en el estómago que anticipan una gran emoción . Y vaya si lo era, para mí y para los cientos de miles de españoles que esa madrugada vencimos al sueño permaneciendo la noche en vela para ver cómo, por primera vez en la historia, uno de los nuestros conquistaba un anillo de la NBA.

Efectivamente, me refiero a Pau Gasol y a la victoria de sus Lakers la madrugada de aquel glorioso lunes, 15 de junio de 2009, que proclamó al conjunto californiano campeón de la NBA.

Hubo una época en que para mí el baloncesto era casi una religión y muchas de mis emociones más intensas giraban en torno al mismo. Aquella madrugada, la narración emocionada que hicieron del partido mi añorado y llorado Andrés Montes, ‘ratatata’, y Antoni Daimiel, fue mágica y aún resuena en mis oídos cómo en aquella época lo hacía, a todas horas, la canción Human de The Killers.

La voz de Antoni Daimiel ha formado parte de la banda sonora de mi vida durante las últimas décadas y, de alguna manera, no concibo disfrutar de un partido de la NBA sin su narración.

Este verano, tras treinta años ininterrumpidos, Movistar, propietaria hasta la fecha de los derechos de la NBA en nuestro país, decidió no renovar los mismos pasando estos a formar parte del paquete de programación de plataformas como Amazon y Dazn.

No hace mucho, Antoni Daimiel realizó unas declaraciones en las que anunciaba que había recibido ofertas para volver a narrar encuentros de la NBA por el módico precio de 100€ brutos por partido; algo que obviamente el afamado periodista rechazó contundentemente por considerarla completamente indigna, no solo para su persona sino para el resto de la profesión periodística.

La precariedad laboral y los salarios bajos son un denominador común de nuestro mercado laboral, pero que afecta, de manera muy especial, a los periodistas.

Me parece muy significativo que a todo un icono de nuestra prensa deportiva se le ofrezca un salario que es prácticamente un insulto a la razón. Obviamente, Antoni Daimiel, desde su atalaya privilegiada rechazó la oferta, no solo por atentar contra su actual status sino, como recalcó, para dignificar el trabajo del resto de sus compañeros.

No todo vale, y la actitud de Daimiel le honra como persona y profesional. Obviamente alguien vendrá y hará el trabajo que él ha rechazado por principios porque uno puede ser valiente y decidir cuando tiene el estómago lleno y la factura de la luz pagada, pero la cruda realidad se impone y en la calle hace mucho frío.

No a cualquier precio, no todo vale en el mundo del periodismo aunque sea fácil pregonar esto cobrando religiosamente una nómina mensual.

Gracias, Daimiel, por tus principios y tu lección. Echaremos de menos tu voz en las largas madrugadas de baloncesto. Jugón.

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